Las consecuencias de la expansión
La conquista romana del Mediterráneo trajo como consecuencia profundos cambios en la vida política, social y económica de Roma e Italia.
Las crecientes necesidades militares obligaron a prolongar los mandatos de los generales romanos más allá del límite reglamentario de un año. Esto tuvo peligrosas consecuencias al ir generando ambiciones personales que socavaron el sistema de las magistraturas anuales.
En el plano económico, se produjo en toda Italia una crisis agraria grave. Los soldados romanos -que seguían siendo pequeños y medianos propietarios de explotaciones agrícolas- fueron obligados a luchar en áreas lejanas del Mediterráneo, cada vez durante periodos más prologados. Ese nivel de dedicación a la guerra fue desastroso para el pequeño campesinado, que no podía mantener sus granjas. Se contrajeron deudas y a ello siguió el desposeimiento a través de la venta o el desahucio.
El proceso se aceleró por el hecho de que los ricos buscaron invertir los beneficios de las guerras en tierras itálicas, lo que supuso el crecimiento de latifundios trabajados por esclavos. Éstos eran suministrados en abundancia gracias a las esclavizaciones masivas de poblaciones vencidas, resultaban relativamente baratos y tenían la ventaja adicional de que estaban exentos de servir en el ejército.
Todo ello supuso la crisis paulatina de los pequeños y medianos propietarios-campesinos. Muchos de ellos emigraron a las ciudades, especialmente a Roma, donde empezaron a crearse posibilidades de empleo debido a los grandes gastos de los ricos en lujos, servicios, sobornos políticos y diversiones.
Los ingresos estatales en forma de botín, indemnizaciones y tasas fueron inmensos. La organización de los suministros al ejército la llevaban a cabo sectores privados que competían por las contratas publicas del Estado: las “sociedades de publicanos”. Estos publicani, pertenecientes al sector de los ecuestres o caballeros, adquirieron los derechos de recaudación de los tributos de las provincias, y se beneficiaban de las contratas para la construcción de edificios públicos, calzadas y otros servicios. Esto supuso riqueza y poder para los principales publicanos, que formaron un grupo de presión muy influyente, pero al margen del Senado (a los senadores no les estaba permitido participar en este tipo de negocios).
Las reformas de los Gracos
Las crecientes dificultades del reclutamiento y la degradante condición del proletariado romano fueron los principales problemas que Tiberio Sempronio Graco se propuso atajar durante el tiempo que ejerció como tribuno de la plebe (133 a.C.). Graco propuso, mediante una ley agraria, restablecer a los campesinos desposeídos en parcelas del territorio público. La tierra necesaria fue adquirida por la imposición de un límite legal a la extensión de las apropiaciones en usufructo del ager publicus y reclamando en nombre del Estado a los que tenían tierras en propiedad por encima del límite establecido. El proyecto de ley de Graco supuso una grave amenaza de los intereses creados de muchos propietarios acaudalados y despertó una intensa oposición. Las tensiones se agravaron cuando el tribuno decretó que las riquezas legadas por Átalo III de Pérgamo al pueblo romano fueran destinadas a financiar la reforma agraria. La oposición se escandalizó por esta interferencia sin precedentes en las atribuciones del Senado. El intento de
Graco de presentarse a un nuevo tribunado fue el detonante del enfrentamiento con la oligarquía conservadora, que acabó con la muerte de Tiberio y muchos de sus seguidores.
Su hermano menor Cayo Sempronio Graco dirigió un ataque más radical contra el orden establecido. Obtuvo dos tribunados consecutivos (el de 123 y 122 a.C.), en los que introdujo una amplia gama de reformas destinadas a paliar algunos de los problemas más acuciantes de la sociedad y la administración romanas.
Aprobó una nueva ley agraria, promoviendo la fundación de colonias en Italia y África. Propuso la mejora de las condiciones del servicio militar, la organización por el Estado del suministro de trigo a la ciudad de Roma. Atacó la corrupción senatorial e intentó frenar los abusos de autoridad de los magistrados mediante. Reorganizó el procedimiento en casos de mala administración por parte de los gobernadores provinciales, mediante la creación de un tribunal regular de justicia. Por último, Graco intentó ampliar el derecho de voto, otorgando los derechos de ciudadanía romana a los latinos y los derechos latinos a los aliados itálicos. Esta disposición fue rechazada por la plebs, que no deseaba compartir sus privilegios.
Cuando expiró su mandato en 121 a.C. se produjo una tentativa de revocar algunas de sus leyes y sus seguidores protestaron con violencia. El Senado aprovechó para declarar el estado de excepción (senatusconsultum ultimum), y Graco y muchos de sus seguidores fueron asesinados.
La importancia histórica de la obra de Cayo Graco se debe al volumen y alcance de su legislación. Nada semejante se había visto antes en Roma y no se repetiría hasta el gobierno de Julio César.
A partir de esta época comienzan a identificarse dos tendencias políticas en el seno de la nobilitas. Por una parte una mayoría conservadora, que defendía la autoridad del Senado y se oponía a cualquier intento de reforma, y en especial a las promovidas por los tribunos de la plebe: era los llamados optimates. Figuras destacadas de este sector serán personajes como Sila o Cicerón. Por el contrario, los llamados populares eran también miembros de la nobilitas pero que, como los Graco o, posteriormente, Mario o César, intentaron tomar medidas de reforma en nombre de la causa del pueblo. Pero también los políticos populares utilizaron la demagogia y la manipulación de las masas, con el objetivo de consolidar su propio poder personal.
Mario y la reforma del ejército
Entre 113 y 105 los ejércitos romanos sufrieron duras derrotas frente a tribus germanas -cimbrios y teutones- en la Galia. La última de estas derrotas, en la batalla de Arausio, fue una autentica masacre y dejó a Italia a merced de los germanos. En este contexto surge la figura de Cayo Mario. Mario era un homo novus, que ascendió a la primera línea política debido a su sólida competencia militar y a su popularidad por sus éxitos en combate.
Elegido cónsul en siete ocasiones desde el 108 a.C., Mario dirigió las victorias de Roma contra el rey númida Yugurta y contra los cimbrios y teutones. Sus victorias fueron conseguidas por un ejército que él mismo había transformado en una fuerza de combate eficiente y disciplinada. Con el campesinado en declive, el único camino para resolver el problema del reclutamiento no era otro que limitar la cualificación de propietario a efectos del servicio militar, o ignorarla por completo, como hizo Mario. La acción de Mario fue simplemente la etapa final en la formación de un ejército profesional que dejó de basarse en la dedicación parcial de los campesinos a tareas militares.
Ello tuvo importantísimas consecuencias en la sociedad y la política republicanas: la relación entre la posesión de propiedades y el servicio militar quedó rota y el servicio al ejército se convirtió en una forma de empleo para hombres que no poseían tierras. La consecuencia de ello fue que los ejércitos, integrados ahora por proletarios, empezaron a reclamar una remuneración permanente por sus servicios, concretada en forma de tierras de cultivo. Por entonces, el Estado romano no estaba preparado para garantizar un sistema regular de remuneración de lotes de tierras para compensar a los veteranos. Por ello los soldados comenzaron a apelar a sus jefes militares para obtener el beneficio deseado. De este modo los ejércitos se convirtieron en instrumentos de intereses políticos particulares en manos de imperatores ambiciosos, dinámica que caracteriza el último siglo de la República.
En la guerra contra Aníbal, Roma había estado al frente de una alianza de comunidades itálicas libres a las que, en buena medida, debía la victoria frente al que se presentó como “invasor extranjero”. Pero poco a poco, los aliados se dieron cuenta de que en realidad eran súbditos que llevaban el peso de unas guerras de las que no obtenían suficiente beneficio. En el 90 a.C. estas reivindicaciones acabaron en un conflicto militar entre Roma y los aliados, conocido como “guerra social” (de socii, “aliados”). Los romanos consiguieron la victoria militar, pero reconociendo su derrota política, pues se inició la concesión de ciudadanía romana estas comunidades.
La dictadura de Sila
Apenas estuvo resuelta la crisis itálica llegaron noticias de un desastre en las provincias orientales. Durante algunos años Roma se mantuvo a la expectativa ante el espectacular ascenso del reino del Ponto bajo el mandato de Mitrídates VI (121-63 a.C.). En 89 a.C. un pretor romano provocó imprudentemente un ataque contra Mitrídates, quien invadió la provincia de Asia ordenando la matanza de todos los romanos allí residentes.
La tarea de conducir un ejército romano contra Mitrídates le fue encomendada al cónsul L. Cornelio Sila. Mario, deseoso de dirigir él mismo las operaciones hizo que un tribuno de la plebe forzara en la asamblea la sustitución de Sila por Mario como comandante de la campaña contra Mitrídates. Los acontecimientos se precipitaron: Sila se reunió con las tropas que esperaban partir hacia y Asia marchó sobre Roma, que se rindió sin violencia (88 a.C). Sila marchó a Oriente para enfrentarse a Mitrídates y, en su ausencia, líderes populares como Cinna y Mario (muerto en el 86), se hacen con el control de Roma.
Tras hacer retroceder a Mitrídates, en el 83 a. C. Sila regresó a Italia, estallando la guerra civil. Hubo encarnizadas luchas en Italia y en las provincias, en las que se destacó el joven Pompeyo. Instalado en Roma desde el 82 a.C., Sila llevó a cabo una dura purga entre sus oponentes mediante las célebres proscripciones, con ejecuciones sumarias y confiscación de bienes. Sila se convirtió en dictador e introdujo una serie de leyes con las que pretendía anular la capacidad de acción de los populares. En particular intentó minar el poder del tribunado de la plebe, limitando severamente sus poderes de veto y legislación. Además, acometió diversas reformas tendentes a organizar y actualizar el cursus honorum, y amplio hasta 600 el número de senadores. Finalmente, abolió el subsidio estatal de raciones de grano. Acabado su mandato, se retiró a la vida privada y murió a principios del 78 a.C.
Sila atacó los síntomas de la crisis de la República pero no las causas. Estableció una estructura de gobierno en que tuvo más poder que nunca la oligarquía senatorial, pero basada en la violencia y no en el consenso. Los principales seguidores de Sila fueron los primeros en explotar la debilidad del sistema tan pronto como él faltó.
El ascenso de Pompeyo
Las décadas siguientes a la muerte de Sila se caracterizan por el ascenso de personajes como Pompeyo, en el que el Senado va delegando la responsabilidad de solucionar los graves problemas militares que aquejan a Roma, lo que a su vez revela la crisis del sistema tradicional de magistraturas.
La primera de estas misiones fue la derrota de Sertorio. Q. Sertorio, se había exiliado de Italia al acercarse los ejércitos de Sila y se había retirado a Hispania, donde inició una revuelta general, apoyada tanto por los hispanos como por los romanos e itálicos residentes allí. El ejército consular enviado a someterle fracasó, por lo que el Senado decidió enviar a Pompeyo, nombrado procónsul en el 77.
Mientras Pompeyo se encontraba en Hispania, en Italia surge, a finales de los 70, la revuelta de Espartaco, la última de las guerras de esclavos de la antigüedad. Las revueltas de Espartaco no fueron, en realidad, movimientos revolucionarios, sino más bien intentos de los esclavos de escapar de su miserable condición: no había un trasfondo ideológico ni un movimiento organizado para la abolición de la esclavitud como tal.
Tras acabar con la rebelión de Sertorio, y terminar con los restos del ejército de Espartaco en su vuelta a Italia, Pompeyo se convirtió en la figura más destacada de la República. Era popular y capacitado y tenía leales seguidores tanto entre los soldados y el pueblo, como en las provincias, donde había tratado con moderación y respeto a las poblaciones nativas.
A comienzos de los años 60 el problema de la piratería se agudizó. En el 67 a.C. se dio a Pompeyo un mando especial contra los piratas, con control sobre inmensos recursos en hombres, dinero y suministros. En tres meses consiguió limpiar de piratas las costas, lo que en su momento fue considerado una asombrosa hazaña de organización y táctica.
Al año siguiente se le encargó Pompeyo la continuación de la guerra contra Mitrídates, que seguía actuando en Oriente. En su expedición a Oriente, Pompeyo venció a Mitrídates, conquistó toda Anatolia y Siria y avanzó por el sur hasta Jerusalén, tomándola en el 63 a.C. Creo la provincia de Siria, la de Bitinia y Ponto, amplió la de Cilicia, y rodeó las nuevas provincias de un escudo protector constituido por reinos vasallos tributarios de Roma. Se apoderó de cuantioso botín y otorgó a sus soldados un donativo equivalente a doce años de paga.
Mientras, en la propia Roma se experimentaba una creciente crisis económica y una atmósfera de tensión política. En ese ambiente comienzan a ascender las figuras del riquísimo Craso, del orador y político Cicerón, y del joven aristócrata Cayo Julio César.
M. Tulio Cicerón, brilllante orador y político, fue un homo novus, que llegó al consulado representando al sector conservador de los optimates. Durante su mandato descubrió la conjuración encabezada por L. Sergio Catilina para intentar dar un golpe de estado, aupado en la promesa de reformas agrarias y cancelación de las deudas. Este episodio, magnificado por el propio Cicerón, es revelador del profundo descontento de muchos sectores de la sociedad romana.
M. Licinio Craso era un aristócrata que, como Pompeyo, había sido protegido por Sila, enriqueciéndose extraordinariamente con las proscripciones. Había participado también en la sofocación de la revuelta de los esclavos de Espartaco. Representaba los intereses del sector de los equites, donde tenía extensas clientelas, y financió la carrera política del joven y empobrecido Cayo Julio César, con el fin de conseguir sus propios fines políticos.
C. Julio César era un joven aristócrata de una antigua familia patricia, pero ligado por lazos familiares a Mario, que vio coartada su carrera política por el golpe de estado de Sila. En los años 60, el joven político se esforzó por ganar popularidad, cultivando el recuerdo de Mario, pero sin descuidar las relaciones con Pompeyo y Craso, entre los que supo moverse con astucia.
Durante esta etapa, la violencia se convirtió en un mal endémico en la vida política de Roma: las bandas armadas incontroladas intensificaron su actividad en la ciudad, donde la fuerza policial era insuficiente para mantener el orden.
A finales del 62 a.C., Pompeyo regresó a Roma para celebrar su triunfo. Esperaba que el Senado ratificara sin dificultades su ordenamiento en Oriente y que proveyera de tierras a sus veteranos. Pero estas peticiones chocaron con la resistencia de los optimates, quienes decidieron frustrar los deseos de Pompeyo, temerosos de otorgar tanto prestigio y poder a un sólo hombre; al hacerlo provocaron una situación de profunda crisis política que desembocaría en la desintegración de la república.
El “primer triunvirato”
La actitud de los optimates condujeron a Pompeyo a una alianza política con Craso y César. Este pacto -conocido erróneamente como el “primer triunvirato”- supuso la triple combinación de la popularidad de Pompeyo, la riqueza y conexiones de Craso y la sagacidad política de César. César ganó, con el apoyo de sus nuevos aliados, el consulado en el 59 a.C. y, ya en el cargo, introdujo una serie de leyes satisfactorias para los tres, al margen de la voluntad del Senado (Bíbulo, el otro cónsul, fue totalmente arrinconado por César).
Fue confirmado el ordenamiento de Pompeyo en Oriente y se dio tierra a sus veteranos. César se otorgó un mandato especial de cinco años en la Galia. La alianza se vio fortalecida por el matrimonio de Pompeyo con Julia, hija de César. En el 58 a. C., César marchó a su provincia y se lanzó a la conquista de las Galias (58-51 a.C.).
En el 56, en Luca (Galia Cisalpina), César, Craso y Pompeyo renovaron su alianza. Pompeyo y Craso recibieron un mandato especial de cinco años cada uno; Craso se dirigió a Siria
para iniciar una campaña contra el imperio parto. Pompeyo recibió Hispania, que gobernó por medio de legados, mientras permanecía en Roma vigilando los acontecimientos de la ciudad. El mandato de César en la Galia fue prolongado por un segundo período de cinco años.
En el 54 a. C. la esposa de Pompeyo, Julia, murió y, con ella, el lazo personal que le unía a César. Un año más tarde moría Craso en la batalla de Carrhae, contras los partos. Esto incrementó aún más las tensiones entre César y Pompeyo. Mientras tanto, la violencia y el desorden prevalecían en Roma, impidiendo el funcionamiento normal del gobierno. Finalmente, el Senado nombró a Pompeyo, con el que volvía a estar aliado, “cónsul único” para restablecer el orden.
Para entonces César casi había culminado la conquista de la Galia y su segundo mandato extraordinario de cinco años estaba a punto de llegar a su fin. El miedo a César provocó la unión de Pompeyo y los optimates, que intentaron frustrar las ambiciones de César de continuar manteniendo su imperium presentándose a un nuevo consulado.
La intención del Senado era que César acabase su mandato para poder enjuiciarle y acabar con su carrera (y con su vida, probablemente). Pero los intentos del Senado de que César perdiese su mandato (y su imperium), fueron vetadas por tribunos de la plebe al servicio de César (entre ellos, Marco Antonio). Finalmente, en enero del 49 a.C., el Senado declaró a César enemigo público, autorizando públicamente su eliminación. Como respuesta, César cruzó el río Rubicón, invadiendo Italia con su ejército, en lo que suponía la declaración de una nueva guerra civil, y el inicio del fin de la República.
Desde el año 60 a.C. el control del gobierno había pasado del dominio aristocrático al de personajes como Pompeyo, Craso o César, apoyados por sus ejércitos “privados” y por amplias clientelas, y dotados de mandatos especiales que los liberaron de las restricciones del sistema de magistraturas anuales colegiadas. La oligarquía senatorial no contaba con el respeto y la lealtad de amplios grupos de la sociedad. Las clases populares optaron por apoyar a líderes individuales que, a su vez, dependían de ellos y de su apoyo y que, consecuentemente, dedicaban buena parte de su esfuerzo a garantizar sus necesidades materiales.
El triunfo de César
Cuando César invadió Italia en el 49 a.C., Pompeyo se retiró a los Balcanes. César se apoderó con rapidez de toda Italia, entró en Roma y se hizo nombrar dictador. A finales del 49 a.C. partió al encuentro de Pompeyo, derrotándole en la batalla de Farsalia en el 48 a.C. Pompeyo huyó a Egipto, donde fue asesinado, poco antes de la llegada de César. En Alejandría. César intervino en una disputa dinástica, tomando partido en favor de Cleopatra, que se convirtió en su amante, y a la que instaló en el trono de Egipto.
De regreso a Roma a través de Asia Menor César perdonó a aquellos que, como Cicerón, habían apoyado a Pompeyo, y organizó los asuntos de la ciudad. En Roma, César celebró un triunfo espectacular, pero antes de acabar el año hubo de acudir de nuevo a Hispania, donde derrotó a los seguidores de Pompeyo en la batalla de Munda (45 a.C.). César volvió a Roma, pero no habían transcurrido seis meses cuando fue asesinado.
Durante su breve estancia en Roma, César emprendió un vasto programa de reformas políticas, sociales y administrativas orientado atajar la miseria y las deudas de la plebe romana.
Gran número de ciudadanos pobres y veteranos licenciados fueron asentados en colonias en Italia y, especialmente, en las provincias. Se adoptaron medidas para regular la distribución del trigo y para erradicar las bandas armadas. Se dio forma definitiva al sistema de recaudación de tasas directas en Asia y otras provincias, que fueron gobernadas por legados nombrados directamente por César. Recompensó a muchos de sus aliados admitiéndoles en el Senado, por lo que el número de sus miembros se incrementó hasta 900. Inició una serie de grandiosos proyectos de edificaciones, el más impresionante de los cuales fue la construcción de un foro completamente nuevo alrededor del templo de Venus Genetrix, ancestro de la familia Julia. El calendario de 365 días y un cuarto, fue introducido por César el 1 de enero del 45 a.C.
Durante sus últimos años César gobernó con las atribuciones de un rey aunque sin el título: acumuló inauditos honores en el Senado, el mes en que había nacido fue llamado Iulius, emitió monedas que llevaban su retrato... César no ocultaba ya su desprecio por las formas constitucionales republicanas: nombró directamente a los magistrados y limitó las funciones del
Senado a la aprobación de sus decisiones. Semejantes hechos ofendían gravemente a hombres que se percibían a sí mismos como garantes y portadores de las tradiciones del Estado: en los idus de marzo del 44 a.C., Julio Cesar fue asesinado por un grupo de senadores conjurados.
Antonio y Octavio
La muerte de César produjo confusión y perplejidad, al mismo tiempo que una lucha desaforada por el poder. Los personajes más importantes entre los antiguos aliados de César eran M. Antonio y M. Emilio Lépido. Pero pocas semanas después del asesinato se presentó un nuevo e inesperado factor con el regreso a Roma de C. Octavio, al que César había adoptado y nombrado heredero.
Octavio era nieto de la hermana de Julio César. En el 44 a.C. tenía 19 años y estaba estudiando en Grecia, cuando llegó a sus oídos la noticia de la muerte del dictador. Decidió regresar a Italia al instante para reclamar sus derechos de sucesión. En Roma, Octavio se vio obligado a aliarse con los optimates, que creían que más adelante podrían utilizarlo en su lucha contra Marco Antonio.
Pronto se desataron las hostilidades, y se envió un ejército al mando de los cónsules y de Octavio para combatir a Antonio, acuartelado en la Galia. En Módena, Antonio fue derrotado, pero los cónsules fueron muertos; Octavio aprovechó la ocasión para ponerse a la cabeza del ejército y obtener el consulado por la fuerza. Octavio contaba con el apoyo de muchos plebeyos, que se unieron a él como heredero de César.
Antes de acabar el año los líderes cesaristas decidieron limar sus diferencias y presentar un frente unido contra el Senado y los asesinos de César. Antonio, Octavio y Lépido constituyeron un (ahora sí) triunvirato, tras procedieron a eliminar a sus oponentes políticos. Más de 300 senadores (incluido Cicerón) y 2.000 caballeros encontraron la muerte en el reinado del terror que siguió a estos sucesos. En el 42 a.C., Octavio y Antonio derrotaron a Bruto y Casio, los líderes del complot contra César, en la batalla de Filipos.
Tras la victoria se llevó a cabo la distribución del imperio. Octavio obtuvo Italia y la mayor parte de las provincias; Antonio recibió un mandato contra los partos en Oriente. A Lépido se le arrinconó en África.
En oriente, Antonio llevó a cabo una campaña contra los partos y armenios y en Alejandría contrajo matrimonio con Cleopatra. Mientras tanto Octavio dedicó sus esfuerzos a consolidar su posición en Italia; inició una guerra propagandística contra Antonio, explotando su relación con Cleopatra y la tradicional aversión de los romanos hacia los orientales.
En el 32 a.C. las ciudades de Italia le prestaron juramento personal de fidelidad y le pidieron que encabezara una “cruzada” nacional contra Antonio y Cleopatra. Dicha campaña, iniciada poco después, terminó con la victoria total de Octavio en la batalla de Actium (31 a.C.); Antonio y Cleopatra escaparon a Alejandría, donde se suicidaron. Esa fecha marca el inicio de una nueva forma de gobierno y administración de los dominios de Roma, en la que Octavio se convertirá en un auténtico “monarca”.
domingo, 22 de mayo de 2016
La Crisis de la República
sábado, 12 de marzo de 2016
La Evolución Política de la República
El principio de la República romana también es llamado como la edad oscura romana. Hay un desarrollo constitucional en este período. Las constitución romana no nace en virtud de una ley sino que se va formando poco a poco. El sistemas de las magistraturas y las asambleas van definiéndose poco a poco. Se van creando nuevas magistraturas o perfilando las antiguas según el tiempo que lo requiera. Con los inicios de la República se formulan las primeras magistraturas. Algunas de estas instituciones son de tradición monárquica que van evolucionando de una forma lineal. El segundo
aspecto que hay que destacar es aquel que marca la historia interna de Roma tanto política como social en los siglos V y IV, el llamado conflicto patricio-plebeyo.
La sociedad romana se dividía entre el patriciado y la plebe. Si acudimos a la tradición, estos dos órdenes tienen su origen en el mismo momento de la fundación. Fue Rómulo el que los creó. En el momento de crear la ciudad cogió a los cien más distinguidos con los que formó el senado, el patriciado, y los demás serían la plebe. Desde los comienzos de la crítica histórica comenzaron a idearse otras interpretaciones para formular el origen de estos órdenes. El patriciado puede haber surgido durante la monarquía pero con una connotación política. El patriciado es una aristocracia política.
Con la llegada de la República, aunque puedan ser admitidas en el patriciado algunas familias de procedencia extranjera, ya se tiende a concentrar al patriciado. Empieza a ser más exclusivo. Una vez que la situación se estabiliza, estos primeros años están marcados por el sentimiento de la conciliación entre el patriciado y la plebe. El temor al retorno de la monarquía conlleva a practicar una política de conciliación. Tal actitud se aprecia en la reconstrucción del senado, con nuevos senadores.
Estos nuevos senadores son llamados conscripti. Se establece una diferencia entre los antiguos y los nuevos reclutados entre la plebe, con un nivel económico superior dentro de esta plebe pero en un nivel inferior al de los patres en el senado. Esta reconstrucción da muestras de la política de conciliación y unidad entre todos.
Las cosas van cambiando poco a poco. En el año 495 a.C., murió Tarquinio el Soberbio por lo que se alejó toda esperanza de retorno de la monarquía. A esto se une unos pocos años antes la victoria romana sobre los latinos en el lago Regilo, lo que supone la hegemonía de Roma sobre el Lacio, y en el 493 se firmó el foedus cassianum, un tratado que regulaba las relaciones entre la República romana y la Liga Latina, firmada por Publio Casio. Es un tratado en el que Roma está en una forma de superioridad.
Estos hechos que se van sucediendo en un período de tiempo breve significa el asentamiento de un nuevo régimen en el que la República está establecida con cierta firmeza. Es a partir de aquí cuando se produce un cambio en las tendencias de la aristocracia la cual se radicaliza tendiendo a establecer un régimen más oligárquico y surge el conflicto con la plebe.
El Conflicto Patricio-Plebeyo
Las causas del conflicto patricio-plebeyo son diversas. La plebe es una masa heterogénea con diferentes intereses. Estaban los proletarios, la clase campesina que formaba parte de la classis y de la infra calssem, y también una aristocracia plebeya que se ve marginada de la función política ya que el sistema les priva el acceso al poder.
Dentro de la plebe, es el campesinado el que conforma la mayor parte de esta población. Los primeros síntomas del conflicto aparecen a causa de problemas del campesinado, entre los que se detectan dos problemas propios de una sociedad arcaica. Por un lado la utilización del ager publicus y el problema del nexum (esclavitud). El ager publicus es aquel territorio que corresponde al Estado, al pueblo romano, que se opone al ager privatus el cual pertenece a la ciudad a título individual. El ager publicus procede de anexiones territoriales como consecuencia de una victoria militar. El que se beneficiaba en primera instancia de esta tierra era el patriciado y las grandes familias que lo utilizaban como tierra de pastos para sus ganados. Pero la plebe campesina exige otro uso distinto ya que esta tierra también es conseguida por los ciudadanos por lo que quieren que la tierra se parcele y se le adjudique a cada individuo.
El segundo problema es el nexum, la servidumbre por deudas. Esto implica que los grandes propietarios incrementasen su patrimonio. Los acreedores, que condenaban a los otros a la servidumbre, no eran solo patricios sino hay que incluir también a la élite plebeya. Otras de la facetas de las vertientes del conflicto patricio-plebeyo es que afecta también a la élite plebeya. Estos plebeyos tenían influencia social pero se veían marginados en la función política.
En los primeros años de la República vemos nombres plebeyos ocupando el consulado, ya que en estos tiempos de la República no se elegía al cónsul por la asamblea sino que el cónsul saliente nombraba al entrante y éste era aprobado posteriormente por la asamblea. Después se impondrá una barrera para estos nombramientos de plebeyos para el consulado, impuesta por la aristocracia. Por último está la plebe urbana, que existía pero en un plano secundario. Esta plebe económicamente era poco consistente ya que Roma no era una ciudad con una gran actividad comercial y artesanal. Había artesanos que durante cierto tiempo llevaban una vida activa en la época en la que se construyeron varios templos a principios de la República. Pero a partir del año 475 toda la fachada tirrénica de Italia entra en una crisis aguda como consecuencia de los cambios geopolíticos del mundo griego, por lo que el comercio de los vasos cerámicos descienden. Esta crisis también sucede en Roma y los que la sufren son estas clases urbanas que ven que no tienen trabajo. Se para la vida económica y estas clases sufren. Sus reivindicaciones son distintas a las de la aristocracia y la plebe. Esta clase, era dentro de la población, aquella que con su actividad mantenía relaciones con otro pueblos extranjeros como los griegos del sur, por lo que a través de ellos se transmitían diferentes culturas.
Según la tradición, en el 494 a.C., es cuando se dieron los primeros pasos en el conflicto patricio-plebeyo.
Cuando el ejército regresaba de una campaña militar, estando todavía bajo las armas y no estando todavía licenciados, se retiran en masa al monte Aventino como respuesta a la aristocracia, con el objetivo de fundar una nueva ciudad. Al senado le entró temor y negociaron con ellos. Enviaron a Agripa Menenio quién consiguió hacerles regresar pero a cambio se acordó conceder a la plebe unos magistrados propios y excluir a los patricios de esta magistratura. Este magistrado es el tribuno de la plebe.
Aunque todo esto es considerado como una leyenda excepto la aparición del tribunado. Esta estructura plebeya consistía en unas magistraturas, los tribunos y los ediles de la plebe, una asamblea que era el Concilium plebis y un centro religioso, el santuario de Ceres. Se trata de una acción protagonizada por los assidui, los propietarios de tierras, que conforman el ejército. Éstos llevan a cabo una serie de decisiones unilaterales sin intervención del patriciado. La plebe empieza a reivindicar su autonomía.
El Tribuno de la Plebe
El tribunado nace como una magistratura un poco anárquica. El título de la magistratura viene del hecho de que los primeros tribunos se reclutaban dentro ejército, el tribunus militus. La creación de esta magistratura viene determinada por una lex sacrata, ya que el soldado presentaba el sacramentum, un juramento de lealtad al comandante y como garantía de este juramento se ponía a la divinidad de manera quien lo incumple incurre en delito religioso.
Los tribunos de la plebe nacen en virtud de un acto de estas características y por ello el tribuno de la plebe era sacro sanctus, inviolable y envestido de una areola que le proporcionaba una protección divina. Detrás de cada tribuno está la plebe, la cual está en la obligación de defenderlo según el juramento prestado por lo que no se puede atentar contra él. Los patricios se ven en la obligación de respetar al tribuno ya que rebasa al marco jurídico y está enmarcado en el religioso.
El tribunado de la plebe presenta desde su origen un carácter revolucionario. Tiene un poder que es la tribunicia potestas el cual se opone al imperium del cónsul, y le otorga poderes de gran calado.
Las facultades que tiene el tribuno se configuran paulatinamente. La obligación fundamental del tribuno era la llamada protección del plebeyo frente al poder del magistrado, el cónsul. No se trata de una expresión del derecho sino de una expresión de la fuerza, porque detrás de aquel ciudadano al que el tribuno intenta defender se encuentra la población plebeya, que mediante el auxilium y la intercessio defiende al ciudadano. La intercessio es el derecho de interponer el veto, a oponerse a la acción del magistrado. La intercessio podría paralizar la vida del Estado. Cualquier acto que llevaba a cabo el magistrado podría ser paralizado por el tribuno, y no se llevaba a cabo.
Un tribuno no podía ser nunca coaccionado a desistir de su actividad o procesado por llevar a cabo esta actividad y tampoco podía ser interrumpido mientras hablaba. El poder supremo del magistrado se detiene ante la sacralización del tribuno. Las funciones del tribuno luego se fueron incrementando y podían actuar jurídicamente contra cualquiera que atacara sus funciones. También tenían sus límites ya que el tribuno ejercía su poder en la ciudad, y en torno a una milla alrededor del pomerium. El tribuno no podía ausentarse de Roma. Mientras estuviera en sus funciones su casa tenía que estar siempre abierta porque era un lugar de asilo.
La Organización de la Plebe
La creación de los ediles no se hace con una lex sacrata como con los tribunos sino que es una decisión administrativa. Son magistrados menores con funciones más administrativas que políticas.
Su misión es la de auxiliar a los tribunos de la plebe. Están vinculados al templo de Ceres, pero no tienen funciones sacerdotales. En principio eran dos y se encargaban de los archivos y de los bienes de la organización plebeya, y también de la primitivas frumentationes, de suministrar el grano a la plebe, En general se encargaban de todas las cuestiones de organización administrativa.
La plebe también se dota de una asamblea propia que recibe el nombre de concilium plebis, que admite solo a los plebeyos. Los patricios están excluidos. Esta asamblea debió ser tumultuosa en un principio. Pero en el 431 fue organizada y se convirtió en una verdadera asamblea. El concilium plebis no utilizaba los criterios de organización interna que predominaban en las asambleas ciudadanas. Estas son las antecedentes de los posteriores comicios por tribus presidida por un magistrado plebeyo. Las decisiones que toma la asamblea son los plebiscitos que no tienen el rango de ley. En ella no interviene el conjunto de los ciudadanos, solo un sector, los plebeyos.
Estos plebiscitos solo afectan a aquellos que participan en la asamblea. En un principio estas primitivas asambleas plebeyas tienen su importancia en la historia constitucional de Roma, ya que
es la primera asamblea con capacidad legislativa.
Por último la organización plebeya se dota de un centro de referencia, un santuario, que es la referencia política, religiosa y económica. Este santuario se sitúa en el Aventino, por lo que es un santuario intramuros. Es el santuario de Ceres, que alberga también a Liber y Libera, que forman una triada agraria. Es un santuario fundamentalmente plebeyo que se corresponde con la construcción de otros templos en esta época de la República que se refleja en los cambios ideológicos de Roma, como la consagración del templo de saturno, divinidad de la prosperidad.
La construcción de este santuario y el lugar en el que se encuentra se justifica por el cambio de la monarquía a la República. El templo pasa a ser la sede del erario público, del tesoro, situado en el foro, en el centro cívico.
En el 495 se dedica el templo de Mercurio. Éste el dios del mercado por lo que está en proximidad al puerto, en el Foro Boario. Es el dios del comercio pero especialmente del trigo, por lo que se mantiene una relación funcional muy estrecha con Ceres. En 484 se consagra el santuario a los castores, los Dioscuros, Cástor y Pólux. El culto de los castores es de carácter patricio.
En la primera mitad de siglo V la plebe se dotó de una organización interna. El patriciado tendió hacia el estancamiento, a monopolizar los resortes del poder y a convertirse en una casta cerrada.
Su acción es negativa, la de controlar el poder y ejercerlo en su propio interés por lo que contrasta con el dinamismo de la plebe.
Desarrollo institucional del siglo V
Un momento culminante tiene lugar en los años centrales del siglo V con la aparición del decenvirato legislativo. En los años 451 y 450 se interrumpe la lista del los cónsules como magistrados ordinarios y en su lugar figura un colegio compuesto por diez miembros con potestad de cónsul. Se trata de una magistratura extraordinaria que responde a las necesidades del momento. La tradición sitúa la creación del decenvirato en la época de conflicto patricio-plebeyo.
La obra de los decemviros es la Ley de las XII Tablas. Esta ley es el principal monumento legislativo romano. Es la fuente de todo el derecho público y privado según Tito Livio. A partir de esta ley la justicia queda al margen del arbitrio del magistrado. Ahora el magistrado tiene que someterse a esta ley.
La aplicación de la justicia se convierte en un instrumento de defensa del ciudadano y no del poder como ocurría anteriormente. Entres sus contenidos hay mucho de derecho consuetudinario como otros nuevos. Se pretende establecer la igualdad jurídica entre todos los ciudadanos. Es un avance jurídico de excepcional importancia pero sigue habiendo esta separación de patricios y plebeyos, y la diferencia entre assidui y proletarii. Estas medida fueron publicadas en unas tablas de bronce.
La Ley de las XII Tablas supone un paso importante en el aspecto constitucional de Roma ya que supone una igualdad en la ley. La Ley de las XII Tablas hace referencia a algunos aspectos del poder. En algunas normas se menciona el comitiatus maximus, el comicio por centurias. Esta asamblea tendría su antecedente en la reforma serviana con la introducción de un sistema censitario según los bienes.
A mediados del siglo V se da por cierta la existencia de esta asamblea organizada en clases y centurias. Se le otorga a la asamblea plena capacidad legislatura y electoral. La asamblea se encuentra asentada y respaldada por la ley. Se estructura por clases y centurias, mediante un sistema censitario, que es el reflejo del ejército. Compendia cinco clases y cada clase se subdividía en centurias. Pero no todas las clases tenían el mismo número de centurias. La primera clase disponía de ochenta centurias, la segunda treinta, y las sucesivas veintinueve cada una. La mitad de las centurias dentro de cada clases eran de seniores y la otra mitad iuniores. La diferencia entre el senior y el unior es la función militar. Los iuniores tienen una función militar activa y los seniores rebasada una determinada edad ya no tenían esta función. Por encima de estas clases estaban las dieciocho centurias de caballería, y por debajo se encuentra una centuria de proletarios y otras dos centurias de músicos y dos de artesanos.
El sistema de votación era dentro de cada centuria. Cada ciudadano votaba en su centuria y se contabilizaba su voto en su centuria. El máximo eran 193 centurias. Es un sistema que pivilegia la riqueza y la edad. Esta asamblea era la principal, en la que se elegía a los magistrados dotados de imperium, los cónsules, y después a los pretores en el siglo IV y los censores. Era la asamblea la que aportaba las principales leyes relativas a la política exterior y también era el principal cuerpo legislativo de la República.
La consolidación de este sistema exige una realización periódica del censo y cada vez más perfecto. Esta función correspondía al magistrado supremo, al cónsul, pero este tiende a especializarse en el aspecto militar por lo que estaba ausente en Roma durante la mayor parte del año. Por lo que debido al olvido e imposibilidad material a realizar esta labor no se cumplía. Como consecuencia se creó una nueva magistratura en el año 443, el censor, que tendría la función de elaborar el censo. Recibió otra función como la vigilancia de las costumbres y las finanzas. La censura es una magistratura que está compuesta por dos miembros elegidos cada cinco años y estaban en funciones durante 18 meses, después de los cuales dimitían. Cada cinco años se cumplía el censo. La censura era una magistratura necesaria y fue reservada para los patricios. No se trataba solo de una labor administrativa ya que tenía una labor política clara al redistribuir a los ciudadanos en las centurias por lo que la censura se convertía en una herramienta de poder.
Respecto al conflicto patricio-plebeyo, la Ley de las XII Tablas introdujo una sola norma en referencia a este conflicto. En la ley se prohibían los matrimonios mixtos entre patricios y plebeyos, pero esta ley duro poco, hasta el 445, ya que fue abolida por un tribuno de la plebe.
Otra reforma constitucional que afecta a la magistratura suprema, tras el éxito obtenido por la plebe al abolir la ley del connubium, la plebe comenzó a solicitar el acceso al consulado. Las presiones fueron altas y el senado tuvo que ceder y ofreció una solución que era la creación de tribunos militares con poder militar que serían elegidos entre patricios y plebeyos. La plebe aceptó esta fórmula y en el año 444 se eligió el primer colegio compuesto por tres miembros en el que aparecen miembros plebeyos.
Los tribunos consulares eran elegidos en los comicios por centurias y luego envestidos por una lex curiata de imperium. Estos tribunos presidían las asambleas, tenían capacidad para nombrar al dictador, estaban habilitados para convertirse en interrex y tenían el derecho de convocar al senado. Carecen del triunfo militar ya que solo era potestad del cónsul y del dictador. El imperium del tribuno sufre una pequeña disminución ya que cuando mayor era el titular de este poder se disminuía su poder. El tribunado viene a ser una magistratura de sustitución y que se crea por razones múltiples como las razones militares. Todas estas medidas muestran como la plebe va avanzando lentamente pero va consiguiendo éxitos fundamentalmente políticos que benefician a la capa privilegiada de los plebeyos, a le élite plebeya que ocupaba el tribunado.
Leyes Licinio-Sextias
A partir de mediados del siglo IV a.C., las reivindicaciones plebeyas obtienen sus primeros éxitos importantes a través de la leyes Licinio-Sextias. Estas leyes reciben este nombre por sus promotores, los tribunos de la plebe C. Licinio Estolón y L. Sextio. En el 367 a.C., estas leyes suponen un punto de inflexión notable en la historia política de Roma. Tales leyes exigen una concordia entre diversos grupos políticos. Fueron unas leyes que abren las puertas del consulado a los plebeyos —a su élite acomodada—. Esto aceleró el paulatino acceso de los plebeyos a las restantes magistraturas.
Fueron tres leyes. La primera restablece el consulado, ya no se elige al tribuno consular, y uno de los dos cónsules tenía que ser plebeyo. La segunda ley hace referencia a las deudas. La ley pretende cancelar las deudas decidiendo que las cantidades pagadas del interés se deducía del capital, aunque el nexum seguirá existiendo. Lo que se hace es cancelar las deudas. La tercera ley estaba relacionada con el ager publicus. Se estipula que en lo sucesivo no se podrá ocupar una extensión superior a las 500 yugadas de tierra comunal. Se limita la ocupatio de las tierras públicas.
Esta leyes hacen referencia a las reivindicaciones de los plebeyos. Como consecuencia de esta ley se crearon dos magistraturas, la pretura y la edilidad curul. El pretor como magistrado ordinario aparece con la misión de encargarse de la administración de la justicia, mientras que los ediles se ocupaban de la administración local. Se requiere de unas magistraturas más especializadas para unas necesidades mayores de la República.
Las leyes Licinio-Sextias marcan el fin de una época y la sustitución de una política en Roma la cual cambiaría pero el conflicto patricio-plebeyo sigue existiendo hasta el año 287 a.C., con las lex Hortensia donde toca a su fin. A partir de esta ley las decisiones tomadas en la asamblea de la plebe pasan a ser vinculantes tanto para los plebeyos como para los patricios, lo que es considerado el punto final del conflicto. Ahora la lucha se plantea entre grupos de facciones políticas integradas por patricios y plebeyos que lucharán por el poder, surgiendo la nobilitas patricio-plebeya.
Desarrollo institucional en el siglo VI
Se define una nueva clase dirigente que es la nobilitas que está formada tanto por patricios como por plebeyos. Es una aristocracia política abierta al conjunto de la ciudadanía. Con el nombre de nobilitas se designa al conjunto de todas aquellas familias en las cuales uno de sus miembros a desempeñado una magistratura curul, es decir, todas las existentes menos aquellas reservadas a la plebe, incluida la cuestura que tampoco era una magistratura curul.
Una de los cónsules había de ser plebeyo. Esta regla funcionó en los primeros años, pero a partir del 355 empiezan a aparecer colegios consulares formados solo por patricios. Esto no supone un intento de retorno al pasado. Esto se incluye más bien en las formas que adoptan las facciones políticas en sus luchas. En el año 341 un tribuno de la plebe propone una serie de leyes que impulsan a la plebe en las magistraturas como no optar al consulado hasta diez años después de haber ejercido esta magistratura ejercida. También hace aprobar la posibilidad de que pudiera haber dos cónsules plebeyos en un mismo año.
Desde el punto de vista político se abren las puertas el consulado a nuevos elementos de la plebe y también a otras familias patricias como los emilios quienes habían sido marginados. Entre los plebeyos que se beneficiaron está Quinto Publilio Filón, con una carrera política característica de la época, pero también es reflejo de la continuas violaciones de las leyes del tribuno de la plebe de Genucio, ya que Publilio fue cuatro veces cónsul, dictador y pretor. Se define como un político de la nobleza patricio-plebeya. Siendo dictador en el año 339 establece una serie de leyes en las que todo proyecto de ley antes, de ser llevado a la asamblea tiene que tener la aprobación del senado. También fijaba que uno de los censores había de ser plebeyo pero que también los dos podían serlo. Se trata de medidas que favorecen a la aristocracia plebeya.
La ley de la auctoritas patrum implica lastres para las instituciones de la República. El magistrado gozaba de una gran libertad y sobretodo ejercía una influencia decisiva sobre la asamblea la cual se limitaba a aprobar y a rechazar. No había en ella debate. Esto se veía claro en la elección de los magistrados. Existía un campaña electoral en la que el candidato se diferencia de los demás porque pintaba su túnica con polvo de tiza, llamada como toga cándida, de la que deriva la palabra candidato. En épocas más antiguas era la asamblea la que elegía al magistrado, pero la mayoría de las veces era el magistrado saliente el que elegía al entrante, no de una forma directa, sino que le avalaba ante la asamblea, en la que ejercía una gran influencia. Lo que pretende Publilio es convertir al senado en el árbitro de la vida pública y que actuara como filtro, discutiendo todas las propuestas antes de llevarlas ante la asamblea. Se trata por tanto de una medida más útil para la República dentro de la ideología que imperaba en Roma.
Con todas estas medidas se constituye una nueva forma de lucha política. Los plebeyos acceden fácilmente a la nueva nobilitas y no encuentran barreras para entrar en las magistraturas e incluso a los sacerdocios públicos, los cuales no solo cumplían una función religiosa sino que tenían también una influencia política. Estos sacerdocios fueron abiertos a la plebe en el año 300 permitiendo que los plebeyos pudieran ser pontífices. Como consecuencia de esto el tribunado de la plebe empieza a decaer hasta la época de los Graco, ya que no había necesidad de acceder al tribunado al ya tener acceso a las demás magistraturas.
Dentro de la nobilitas se constituyen diferentes grupos o facciones. No se tratan en modo alguno de partidos, son facciones que carecen de un programa a largo plazo y en el que todos sus miembros son de la misma ideología en la que quieren acceder al poder y mantenerlo. No hay una división ideológica entre unos y otros. Responden al concepto de la amicitia. Son grupos de familias y de amigos, que en determinado momento se unen para obtener el poder. La amicitia funciona mejor cuando mayor sea el número de habitantes. Esto hace que tales grupos se abran a la participación de nuevos miembros. Esto era lo contrario a la etapa anterior ya que la nobilitas es una clase completamente abierta, no solo a los romanos sino también a los miembros de la aristocracia itálica. La Roma que vemos en el siglo IV es completamente distinta a la del siglo V, la cual era una República de campesinos. En el siglo IV se abre. La agricultura se expande al amparo de la política militar de Roma. Cambia el régimen de la ocupación del suelo y el de la propiedad. El comercio y la artesanía viven un gran auge y los años del comienzo del siglo III es la época dorada de las clases medias campesinas. Se produce un auge de estos elementos que eran los que proporcionaban la estabilidad a la República.
Comienza a extenderse el sistema de la colonización a partir de la guerra romano-latina. Habían dos tipos de colonias, la de derecho romano y la derecho latino. La colonia romana supone el desplazamiento de un grupo de ciudadanos a una región fuera del territorio sin que esto implique la perdida de la ciudadanía. Esta comunidad está sometida a la legislación romana. Es una prolongación de Roma. Hay otras colonias que están sometidas al derecho latino. El derecho latino es un sistema jurídico que tiene su origen en la comunidad de sangre y de la lengua que unía a los latinos. Este sentimiento de identidad se plasma en el reconocimiento de unos derechos como el ius migrandi, el ius comercium o el ius connubium. Se tratan de derechos que sancionan jurídicamente prácticas que se venían realizando desde época muy antigua en virtud de esta comunidad que formaban los latinos. Con la guerra del 349, en la cual los latinos se enfrentan a Roma, el Lacio desaparece como tal. Roma establece tratados con cada una de las ciudades. Aquí el derecho latino ya se extiende a ciertas fundaciones coloniales, por lo que el senado, al fundar una colonia, decide está sometida a al derecho latino o al romano. De esta manera se iba aumentando la clase de campesinos que participaban en el ejército. Tales colonias estaban situadas en enclaves estratégicos desde el punto de vista militar, en regiones recién adquiridas con posibilidad de sublevación, por lo que actuaban como colonos soldados ya que entre sus obligaciones estaba la militar. El ciudadano romano se convierte cada vez más en propietario para hacer frente a las guerras, por lo que el ejército se aseguraba el reclutamiento. El problema del nexum sigue existiendo en la mayor parte del siglo IV. El nexum convenía mantenerlo para ser reclamado como una medida electoral a un problema que solucionar. Era algo anacrónico que no tenía razón de ser. Solo servía para fines oportunistas para algunos políticos. Fue definitivamente abolido en el 326 por el comienzo de la guerra contra los samnitas en la cual se necesitaba una tranquilidad social y más soldados que reclutar. Tampoco era rentable ya que tras la expansión se desarrolló le fenómeno esclavista. Cuando se entra en contacto con las economías del sur de Italia, Roma se adapta a su sistema de producción por lo que aumenta el número de los esclavos.
Uno de los aspectos nuevos que surgen es la moneda. Su origen es una cuestión muy debatida. La primera moneda de Roma se trata de emisiones esporádicas aisladas que se datan en el siglo IV. Comienzan siendo monedas de bronce con cabeza de Apolo en el anverso y con la inscripción romaion en griego. El público al que va dirigida esta moneda es al griego pero está amparada por Roma. La circulación se limitaba solo a la Campania.
Hacia el año 310 se habrían producido las emisiones en plata, con una moneda que tiene en el anverso un elemento romano, a Marte, y una leyenda en letras latinas. Se trata de una emisión aislada y acuñada en Campania que quizás tenga que ver con la construcción dela vía Apia, la cual comunicaba en primera instancia Roma con Campania. Habría sido con la guerra de Pirro cuando se pasa a acuñaciones con una secuencia regular provocada por una mayor demanda de la moneda como consecuencia de la guerra, por lo que se ven penetraciones de monedas en regiones sometidas a Roma.
Sería en el 269 cuando se acuñan las primeras monedas romanas en Roma, el dracma, en donde aparece Hércules en el anverso y la loba y los gemelos Rómulo y Remo en el reverso. A finales del siglo III se acuñarían los primeros denarios que vienen a mostrar la incursión de Roma en circuitos económicos internacionales.
Desarrollo institucional en los siglos III y II
En general, a partir de la conquista de Italia, asistimos a la época dorada de las clases medias. El campesinado ya no se ve atrapado por el nexum. Hay abundancia de tierras por la conquista y la colonización por lo que es fácil acceder a la condición de ciudadano. Hay una gran estabilidad social y económica del campesinado lo que proporciona solidez a la República y explica el éxito de la política exterior. Sin embargo fue la guerra de Aníbal, la Segunda Guerra Púnica, la que causó enormes estragos en la condiciones de vida de las clases medias campesinas y las cuales no se recuperarían. La guerra de Aníbal marca un punto de inflexión importante en la historia de la República.
De la solidez de este tiempo da forma la reforma de los comicios por centurias. En el siglo III se lleva a cabo una reforma de la asamblea que consiste en vincular las categorías de las centurias con la de las tribus, por lo que el reparto de las centurias por clases es el mismo en todas ellas.
Cada tribu pondrá las mismas clases en cada centuria. Cada clase tendrá sesenta centurias. Esta reforma se explica por esta asamblea que había sido reflejo del ejército.
La asamblea ya no reflejaba al ejército y había perdido su sentido original, por lo que se adapta a las nuevas circunstancias. Ahora el peso de la votación se desplaza hacia abajo. La mayoría absoluta aparece en el centro, en la segunda y en la tercera clase radica la capacidad de decisión. Ahora son 363 centurias.
La guerra de Aníbal alteró esta situación y después la expansión romana por el Mediterráneo alteró aun más la condiciones sociales y políticas de Roma, que pasa de la hegemonía de Italia a una sobre el Mediterráneo en un plazo de tiempo muy corto. La clase de medianos y pequeños propietarios sufrió los efectos de la guerra tanto en el punto de vista económico y político.
El senado adquirió un gran prestigio durante la guerra y nadie discutía su capacidad dirigente de la política romana en su conjunto. Las grandes guerras del siglo II reafirmaron esta situación, con ciertas aspiraciones de poder personal como Escipión, quien es el primero que se identifica con Rómulo. Pero el senado y la oligarquía se imponen sin ninguna fuerza. El senado es el máximo órgano de la administración y de la política por su prestigio, por su auctoritas y por las necesidades de la práctica política. Estaba compuesto por ciudadanos de origen libre.
Los senadores son los representantes de las costumbres tradicionales por lo que determinadas profesiones les son prohibidas por ley. Por lo que se tienen que dedicar solo al campesinado, por la tradición romana. Tampoco podían dedicarse al comercio o a las adjudicaciones públicas. Para ser senador se exige el ejercicio previo de una magistratura. El cargo era vitalicio.
El senado tenía una competencia general sobre los asunto públicos en virtud de su autoridad y prestigio, y por ser la sede de la clase dirigente. Había ámbitos que exigía la intervención senatorial como la política exterior en cuanto a las relaciones con las potencias extranjeras, con los aliados, la repartición de las provincias, la dirección la guerra (la leva militar que era competencia senatorial), el tributo que había que recaudar para pagar al ejército o la que concesión del triunfo.
También tenía competencias judiciales, en Italia y en las provincias. Pero sobretodo el predominio del senado era en el ámbito financiero ya que los bienes públicos pertenecían al pueblo, pero son los magistrados quienes los gestionan bajo la autorización del senado.
En el siglo II se elaboran las primeras leyes para organizar el sistema de las magistraturas, y en el año 180 se publica la Lex Villia annalis, que establece el orden de las magistraturas. Este orden establece la cuestura, la edilidad, la pretura y el consulado. También fija la obligación de tener que pasar dos años entre las magistraturas antes de acceder a la siguiente. Fija las edades mínimasen cada magistratura y se tiene que haber servido diez años en el servicio militar. Esta norma pretende regular el sistema.
Las magistraturas se basan en uno poder definido y en unas funciones precisas. El poder de la magistratura es la potestas, la capacidad de representar a la República. La potestas varía según el magistrado, no es la misma la del cónsul como la del pretor. Dentro de cada colegio de magistrados existe la intercessio, el derecho a veto. Para llevar a adelante una decisión se requiere el consenso de los miembros del colegio. Esto se utiliza para dar estabilidad y evitar decisiones personalistas. Algunas magistraturas tenían en el poder del auspicium, el poder de consultar al dios.
Otro de los poderes es el imperium, el poder supremo de mando militar. El imperium lo tienen nada más que el dictador, el cónsul y el pretor. Son los que tienen el mando militar y dirigen al ejército. El imperium se distingue en dos niveles, el imperium domi, el que es ejercer dentro de la ciudad, y el imperium militae, cuando el magistrado sobresale del pomerium.
En el siglo II el sistema de las magistraturas fue continuamente objeto de legislación pero con medidas de eficacia más que dudosa. Se crea la promagistratura la cual es una prorroga no de la magistratura sino del poder. Se prorroga el imperium para culminar una serie de acciones por razones militares. El senado es el que otorga estas prorrogas.
Otras magistraturas pierden peso como el tribunado de la plebe ya que la plebe podía ejercer las demás magistraturas. Ya nadie quería ser tribuno y esta magistratura fue ocupada por personas mediocres que ya no actuaban a favor del pueblo sino como una herramienta más. Habrá que esperar hasta el tribunado de los Graco cuando esta magistratura vuelva a adquirir un cariz revolucionario pero dentro de la confrontación entre la nobilitas y no de parte del pueblo. La dictadura también pierde importancia porque ya no era necesaria.
Los comicios van perdiendo algunas facultades. En la administración de la justicia empiezan a aparecer los tribunales especializados que estaban compuestos por senatoriales ecuestres. A la vez que la asamblea pierde relevancia hay una preocupación por garantizar los derechos y libertades del ciudadano. Por ejemplo, se prohíbe el castigo corporal sobre el ciudadano. Al ciudadano no se le podía torturar. Otras leyes introdujeron el voto secreto en la asamblea.
La estructura social se ve modificada. Desde el punto de vista económico podemos definir como clases superiores a aquellas que poseían la riqueza. La clase superior era el orden ecuestre en el cual se reclutaba a la nobilitas. Pero no todos los que poseían riqueza se dedicaban a la política.
Dentro este grupo social va surgiendo un grupo con una clara vocación política. Se van diferenciando dentro del estamento superior dos órdenes, por un lado el orden senatorial que son aquellos que ocupan las más altas magistraturas y el senado, los que tienen una carrera política. Y el orden ecuestre, que tienen el mismo nivel de riqueza pero que no practican la política. Se tiende poco a poco a la exclusividad del orden, sobretodo en el orden senatorial.
En el 218 se prohíbe a los senadores y a sus hijos poseer barcos que sobrepasen una cierta capacidad de ánforas con el fin de limitar su actividad económica a la tierra y no dedicarse al comercio. Esta prohibición también se extiende a las adjudicaciones públicas, los contratos con el Estado, a los que el orden senatorial no puede a acceder.
Los intereses económicos de senatoriales y ecuestres eran los mismos, en primer lugar la agricultura y después el latifundio. Los beneficios económicos de otras actividades se invertían en tierras. Después estaban las actividades bancarias y libres, prohibidas a los senatoriales, pero que las desempeñaban a través de terceros, y otros ingresos considerables de la política exterior como la riqueza obtenida del botín, la extorsión a los provinciales y los ingresos de las explotaciones naturales.
Roma carecía de funcionarios y burocracia por lo que se dirige a los privados para financiar las campañas militares, la recaudación de impuestos y la construcción de infraestructuras. La importancia de estos negocios rebasaban las capacidades del individuo por lo que se crean las sociedades de los publicanos las cuales eran empresas compuestas por individuos a las que se daba una adjudicación o arrendamiento. Les arrendaban una función estatal por un periodo de cinco años por medio de subastas. Al que se le adjudicaba pagaba una suma total y luego la recuperaba.
Estas adjudicaciones estaban prohibidas a los senatoriales, pero éstos lo hacían mediante intermediarios. El resto de la sociedad se diferencia entre clases urbana y rurales. Las urbanas iban creciendo. Éstas se dedicaban a actividades no agrarias cuyos beneficios revertían en la tierra. En la cúspide estaban los negotiatores que eran los grandes comerciantes y banqueros. Los más ricos pertenecían al orden ecuestre y por debajo estaban los comerciantes y artesanos más modestos. Después está la plebs, un proletariado que constituía el último grado de la sociedad. Las clases rurales fueron las que más sufrieron por las guerras de Aníbal. También se establece una jerarquía en función de las diferentes propiedades.
Un fenómeno característico de la sociedad romana es la esclavitud como consecuencia de las guerras y de la helenización de Roma. Hay un incremento notable de la oferta. Había esclavitud de legalidad dudosa como la servidumbre por deudas o la esclavitud voluntaria, y la venta de niños. El esclavo se utilizaba en todas las actividades, sobre todo en la agricultura. También en las minas. Se incrementa la esclavitud doméstica con la tendencia del incremento en el lujo de la aristocracia.
El incremento de la esclavitud trae consigo el incremento de los libertos (esclavos liberados, con ciertas obligaciones con respecto a su antiguo señor).
El derecho romano tenía tres formas de manumisión, por testamento, la liberación ante el magistrado y cuando el dueño permitía al esclavo inscribirse en el censo. El liberto se constituye como ciudadano de derecho. Formaba un ordo y queda unido a su dueño del que tomaba su nombre.
Los vínculos entre ambos se refuerzan ya que el patrono podía exigir del liberto dinero o otras acciones dentro de su fides. Se trata de ampliar la clientela del noble.
El incremento de la esclavitud tenía su parte negativa con el aumento de las revueltas serviles. El esclavo rural vivía en una explotación extrema. Era un objeto y esto provoca revueltas a comienzos del siglo II y del I. Estas revueltas adquieren condiciones bélicas en Sicilia en donde se manifiesta en primer lugar la revuelta de Ennio, constituyendo un pequeño Estado en Sicilia. Al final fue reprimido por un ejército consular. La más famosa de las revueltas fue la de Espartaco en el siglo I.
aspecto que hay que destacar es aquel que marca la historia interna de Roma tanto política como social en los siglos V y IV, el llamado conflicto patricio-plebeyo.
La sociedad romana se dividía entre el patriciado y la plebe. Si acudimos a la tradición, estos dos órdenes tienen su origen en el mismo momento de la fundación. Fue Rómulo el que los creó. En el momento de crear la ciudad cogió a los cien más distinguidos con los que formó el senado, el patriciado, y los demás serían la plebe. Desde los comienzos de la crítica histórica comenzaron a idearse otras interpretaciones para formular el origen de estos órdenes. El patriciado puede haber surgido durante la monarquía pero con una connotación política. El patriciado es una aristocracia política.
Con la llegada de la República, aunque puedan ser admitidas en el patriciado algunas familias de procedencia extranjera, ya se tiende a concentrar al patriciado. Empieza a ser más exclusivo. Una vez que la situación se estabiliza, estos primeros años están marcados por el sentimiento de la conciliación entre el patriciado y la plebe. El temor al retorno de la monarquía conlleva a practicar una política de conciliación. Tal actitud se aprecia en la reconstrucción del senado, con nuevos senadores.
Estos nuevos senadores son llamados conscripti. Se establece una diferencia entre los antiguos y los nuevos reclutados entre la plebe, con un nivel económico superior dentro de esta plebe pero en un nivel inferior al de los patres en el senado. Esta reconstrucción da muestras de la política de conciliación y unidad entre todos.
Las cosas van cambiando poco a poco. En el año 495 a.C., murió Tarquinio el Soberbio por lo que se alejó toda esperanza de retorno de la monarquía. A esto se une unos pocos años antes la victoria romana sobre los latinos en el lago Regilo, lo que supone la hegemonía de Roma sobre el Lacio, y en el 493 se firmó el foedus cassianum, un tratado que regulaba las relaciones entre la República romana y la Liga Latina, firmada por Publio Casio. Es un tratado en el que Roma está en una forma de superioridad.
Estos hechos que se van sucediendo en un período de tiempo breve significa el asentamiento de un nuevo régimen en el que la República está establecida con cierta firmeza. Es a partir de aquí cuando se produce un cambio en las tendencias de la aristocracia la cual se radicaliza tendiendo a establecer un régimen más oligárquico y surge el conflicto con la plebe.
El Conflicto Patricio-Plebeyo
Las causas del conflicto patricio-plebeyo son diversas. La plebe es una masa heterogénea con diferentes intereses. Estaban los proletarios, la clase campesina que formaba parte de la classis y de la infra calssem, y también una aristocracia plebeya que se ve marginada de la función política ya que el sistema les priva el acceso al poder.
Dentro de la plebe, es el campesinado el que conforma la mayor parte de esta población. Los primeros síntomas del conflicto aparecen a causa de problemas del campesinado, entre los que se detectan dos problemas propios de una sociedad arcaica. Por un lado la utilización del ager publicus y el problema del nexum (esclavitud). El ager publicus es aquel territorio que corresponde al Estado, al pueblo romano, que se opone al ager privatus el cual pertenece a la ciudad a título individual. El ager publicus procede de anexiones territoriales como consecuencia de una victoria militar. El que se beneficiaba en primera instancia de esta tierra era el patriciado y las grandes familias que lo utilizaban como tierra de pastos para sus ganados. Pero la plebe campesina exige otro uso distinto ya que esta tierra también es conseguida por los ciudadanos por lo que quieren que la tierra se parcele y se le adjudique a cada individuo.
El segundo problema es el nexum, la servidumbre por deudas. Esto implica que los grandes propietarios incrementasen su patrimonio. Los acreedores, que condenaban a los otros a la servidumbre, no eran solo patricios sino hay que incluir también a la élite plebeya. Otras de la facetas de las vertientes del conflicto patricio-plebeyo es que afecta también a la élite plebeya. Estos plebeyos tenían influencia social pero se veían marginados en la función política.
En los primeros años de la República vemos nombres plebeyos ocupando el consulado, ya que en estos tiempos de la República no se elegía al cónsul por la asamblea sino que el cónsul saliente nombraba al entrante y éste era aprobado posteriormente por la asamblea. Después se impondrá una barrera para estos nombramientos de plebeyos para el consulado, impuesta por la aristocracia. Por último está la plebe urbana, que existía pero en un plano secundario. Esta plebe económicamente era poco consistente ya que Roma no era una ciudad con una gran actividad comercial y artesanal. Había artesanos que durante cierto tiempo llevaban una vida activa en la época en la que se construyeron varios templos a principios de la República. Pero a partir del año 475 toda la fachada tirrénica de Italia entra en una crisis aguda como consecuencia de los cambios geopolíticos del mundo griego, por lo que el comercio de los vasos cerámicos descienden. Esta crisis también sucede en Roma y los que la sufren son estas clases urbanas que ven que no tienen trabajo. Se para la vida económica y estas clases sufren. Sus reivindicaciones son distintas a las de la aristocracia y la plebe. Esta clase, era dentro de la población, aquella que con su actividad mantenía relaciones con otro pueblos extranjeros como los griegos del sur, por lo que a través de ellos se transmitían diferentes culturas.Según la tradición, en el 494 a.C., es cuando se dieron los primeros pasos en el conflicto patricio-plebeyo.
Cuando el ejército regresaba de una campaña militar, estando todavía bajo las armas y no estando todavía licenciados, se retiran en masa al monte Aventino como respuesta a la aristocracia, con el objetivo de fundar una nueva ciudad. Al senado le entró temor y negociaron con ellos. Enviaron a Agripa Menenio quién consiguió hacerles regresar pero a cambio se acordó conceder a la plebe unos magistrados propios y excluir a los patricios de esta magistratura. Este magistrado es el tribuno de la plebe.
Aunque todo esto es considerado como una leyenda excepto la aparición del tribunado. Esta estructura plebeya consistía en unas magistraturas, los tribunos y los ediles de la plebe, una asamblea que era el Concilium plebis y un centro religioso, el santuario de Ceres. Se trata de una acción protagonizada por los assidui, los propietarios de tierras, que conforman el ejército. Éstos llevan a cabo una serie de decisiones unilaterales sin intervención del patriciado. La plebe empieza a reivindicar su autonomía.
El Tribuno de la Plebe
El tribunado nace como una magistratura un poco anárquica. El título de la magistratura viene del hecho de que los primeros tribunos se reclutaban dentro ejército, el tribunus militus. La creación de esta magistratura viene determinada por una lex sacrata, ya que el soldado presentaba el sacramentum, un juramento de lealtad al comandante y como garantía de este juramento se ponía a la divinidad de manera quien lo incumple incurre en delito religioso.
Los tribunos de la plebe nacen en virtud de un acto de estas características y por ello el tribuno de la plebe era sacro sanctus, inviolable y envestido de una areola que le proporcionaba una protección divina. Detrás de cada tribuno está la plebe, la cual está en la obligación de defenderlo según el juramento prestado por lo que no se puede atentar contra él. Los patricios se ven en la obligación de respetar al tribuno ya que rebasa al marco jurídico y está enmarcado en el religioso.
El tribunado de la plebe presenta desde su origen un carácter revolucionario. Tiene un poder que es la tribunicia potestas el cual se opone al imperium del cónsul, y le otorga poderes de gran calado.
Las facultades que tiene el tribuno se configuran paulatinamente. La obligación fundamental del tribuno era la llamada protección del plebeyo frente al poder del magistrado, el cónsul. No se trata de una expresión del derecho sino de una expresión de la fuerza, porque detrás de aquel ciudadano al que el tribuno intenta defender se encuentra la población plebeya, que mediante el auxilium y la intercessio defiende al ciudadano. La intercessio es el derecho de interponer el veto, a oponerse a la acción del magistrado. La intercessio podría paralizar la vida del Estado. Cualquier acto que llevaba a cabo el magistrado podría ser paralizado por el tribuno, y no se llevaba a cabo.
Un tribuno no podía ser nunca coaccionado a desistir de su actividad o procesado por llevar a cabo esta actividad y tampoco podía ser interrumpido mientras hablaba. El poder supremo del magistrado se detiene ante la sacralización del tribuno. Las funciones del tribuno luego se fueron incrementando y podían actuar jurídicamente contra cualquiera que atacara sus funciones. También tenían sus límites ya que el tribuno ejercía su poder en la ciudad, y en torno a una milla alrededor del pomerium. El tribuno no podía ausentarse de Roma. Mientras estuviera en sus funciones su casa tenía que estar siempre abierta porque era un lugar de asilo.
La Organización de la Plebe
La creación de los ediles no se hace con una lex sacrata como con los tribunos sino que es una decisión administrativa. Son magistrados menores con funciones más administrativas que políticas.
Su misión es la de auxiliar a los tribunos de la plebe. Están vinculados al templo de Ceres, pero no tienen funciones sacerdotales. En principio eran dos y se encargaban de los archivos y de los bienes de la organización plebeya, y también de la primitivas frumentationes, de suministrar el grano a la plebe, En general se encargaban de todas las cuestiones de organización administrativa.
La plebe también se dota de una asamblea propia que recibe el nombre de concilium plebis, que admite solo a los plebeyos. Los patricios están excluidos. Esta asamblea debió ser tumultuosa en un principio. Pero en el 431 fue organizada y se convirtió en una verdadera asamblea. El concilium plebis no utilizaba los criterios de organización interna que predominaban en las asambleas ciudadanas. Estas son las antecedentes de los posteriores comicios por tribus presidida por un magistrado plebeyo. Las decisiones que toma la asamblea son los plebiscitos que no tienen el rango de ley. En ella no interviene el conjunto de los ciudadanos, solo un sector, los plebeyos.
Estos plebiscitos solo afectan a aquellos que participan en la asamblea. En un principio estas primitivas asambleas plebeyas tienen su importancia en la historia constitucional de Roma, ya que
es la primera asamblea con capacidad legislativa.
Por último la organización plebeya se dota de un centro de referencia, un santuario, que es la referencia política, religiosa y económica. Este santuario se sitúa en el Aventino, por lo que es un santuario intramuros. Es el santuario de Ceres, que alberga también a Liber y Libera, que forman una triada agraria. Es un santuario fundamentalmente plebeyo que se corresponde con la construcción de otros templos en esta época de la República que se refleja en los cambios ideológicos de Roma, como la consagración del templo de saturno, divinidad de la prosperidad.
La construcción de este santuario y el lugar en el que se encuentra se justifica por el cambio de la monarquía a la República. El templo pasa a ser la sede del erario público, del tesoro, situado en el foro, en el centro cívico.
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| Templo de Ceres |
En la primera mitad de siglo V la plebe se dotó de una organización interna. El patriciado tendió hacia el estancamiento, a monopolizar los resortes del poder y a convertirse en una casta cerrada.
Su acción es negativa, la de controlar el poder y ejercerlo en su propio interés por lo que contrasta con el dinamismo de la plebe.
Desarrollo institucional del siglo V
Un momento culminante tiene lugar en los años centrales del siglo V con la aparición del decenvirato legislativo. En los años 451 y 450 se interrumpe la lista del los cónsules como magistrados ordinarios y en su lugar figura un colegio compuesto por diez miembros con potestad de cónsul. Se trata de una magistratura extraordinaria que responde a las necesidades del momento. La tradición sitúa la creación del decenvirato en la época de conflicto patricio-plebeyo.
La obra de los decemviros es la Ley de las XII Tablas. Esta ley es el principal monumento legislativo romano. Es la fuente de todo el derecho público y privado según Tito Livio. A partir de esta ley la justicia queda al margen del arbitrio del magistrado. Ahora el magistrado tiene que someterse a esta ley.
La aplicación de la justicia se convierte en un instrumento de defensa del ciudadano y no del poder como ocurría anteriormente. Entres sus contenidos hay mucho de derecho consuetudinario como otros nuevos. Se pretende establecer la igualdad jurídica entre todos los ciudadanos. Es un avance jurídico de excepcional importancia pero sigue habiendo esta separación de patricios y plebeyos, y la diferencia entre assidui y proletarii. Estas medida fueron publicadas en unas tablas de bronce.
La Ley de las XII Tablas supone un paso importante en el aspecto constitucional de Roma ya que supone una igualdad en la ley. La Ley de las XII Tablas hace referencia a algunos aspectos del poder. En algunas normas se menciona el comitiatus maximus, el comicio por centurias. Esta asamblea tendría su antecedente en la reforma serviana con la introducción de un sistema censitario según los bienes.
A mediados del siglo V se da por cierta la existencia de esta asamblea organizada en clases y centurias. Se le otorga a la asamblea plena capacidad legislatura y electoral. La asamblea se encuentra asentada y respaldada por la ley. Se estructura por clases y centurias, mediante un sistema censitario, que es el reflejo del ejército. Compendia cinco clases y cada clase se subdividía en centurias. Pero no todas las clases tenían el mismo número de centurias. La primera clase disponía de ochenta centurias, la segunda treinta, y las sucesivas veintinueve cada una. La mitad de las centurias dentro de cada clases eran de seniores y la otra mitad iuniores. La diferencia entre el senior y el unior es la función militar. Los iuniores tienen una función militar activa y los seniores rebasada una determinada edad ya no tenían esta función. Por encima de estas clases estaban las dieciocho centurias de caballería, y por debajo se encuentra una centuria de proletarios y otras dos centurias de músicos y dos de artesanos.
El sistema de votación era dentro de cada centuria. Cada ciudadano votaba en su centuria y se contabilizaba su voto en su centuria. El máximo eran 193 centurias. Es un sistema que pivilegia la riqueza y la edad. Esta asamblea era la principal, en la que se elegía a los magistrados dotados de imperium, los cónsules, y después a los pretores en el siglo IV y los censores. Era la asamblea la que aportaba las principales leyes relativas a la política exterior y también era el principal cuerpo legislativo de la República.
La consolidación de este sistema exige una realización periódica del censo y cada vez más perfecto. Esta función correspondía al magistrado supremo, al cónsul, pero este tiende a especializarse en el aspecto militar por lo que estaba ausente en Roma durante la mayor parte del año. Por lo que debido al olvido e imposibilidad material a realizar esta labor no se cumplía. Como consecuencia se creó una nueva magistratura en el año 443, el censor, que tendría la función de elaborar el censo. Recibió otra función como la vigilancia de las costumbres y las finanzas. La censura es una magistratura que está compuesta por dos miembros elegidos cada cinco años y estaban en funciones durante 18 meses, después de los cuales dimitían. Cada cinco años se cumplía el censo. La censura era una magistratura necesaria y fue reservada para los patricios. No se trataba solo de una labor administrativa ya que tenía una labor política clara al redistribuir a los ciudadanos en las centurias por lo que la censura se convertía en una herramienta de poder.
Respecto al conflicto patricio-plebeyo, la Ley de las XII Tablas introdujo una sola norma en referencia a este conflicto. En la ley se prohibían los matrimonios mixtos entre patricios y plebeyos, pero esta ley duro poco, hasta el 445, ya que fue abolida por un tribuno de la plebe.
Otra reforma constitucional que afecta a la magistratura suprema, tras el éxito obtenido por la plebe al abolir la ley del connubium, la plebe comenzó a solicitar el acceso al consulado. Las presiones fueron altas y el senado tuvo que ceder y ofreció una solución que era la creación de tribunos militares con poder militar que serían elegidos entre patricios y plebeyos. La plebe aceptó esta fórmula y en el año 444 se eligió el primer colegio compuesto por tres miembros en el que aparecen miembros plebeyos.
Los tribunos consulares eran elegidos en los comicios por centurias y luego envestidos por una lex curiata de imperium. Estos tribunos presidían las asambleas, tenían capacidad para nombrar al dictador, estaban habilitados para convertirse en interrex y tenían el derecho de convocar al senado. Carecen del triunfo militar ya que solo era potestad del cónsul y del dictador. El imperium del tribuno sufre una pequeña disminución ya que cuando mayor era el titular de este poder se disminuía su poder. El tribunado viene a ser una magistratura de sustitución y que se crea por razones múltiples como las razones militares. Todas estas medidas muestran como la plebe va avanzando lentamente pero va consiguiendo éxitos fundamentalmente políticos que benefician a la capa privilegiada de los plebeyos, a le élite plebeya que ocupaba el tribunado.
Leyes Licinio-Sextias
A partir de mediados del siglo IV a.C., las reivindicaciones plebeyas obtienen sus primeros éxitos importantes a través de la leyes Licinio-Sextias. Estas leyes reciben este nombre por sus promotores, los tribunos de la plebe C. Licinio Estolón y L. Sextio. En el 367 a.C., estas leyes suponen un punto de inflexión notable en la historia política de Roma. Tales leyes exigen una concordia entre diversos grupos políticos. Fueron unas leyes que abren las puertas del consulado a los plebeyos —a su élite acomodada—. Esto aceleró el paulatino acceso de los plebeyos a las restantes magistraturas.
Fueron tres leyes. La primera restablece el consulado, ya no se elige al tribuno consular, y uno de los dos cónsules tenía que ser plebeyo. La segunda ley hace referencia a las deudas. La ley pretende cancelar las deudas decidiendo que las cantidades pagadas del interés se deducía del capital, aunque el nexum seguirá existiendo. Lo que se hace es cancelar las deudas. La tercera ley estaba relacionada con el ager publicus. Se estipula que en lo sucesivo no se podrá ocupar una extensión superior a las 500 yugadas de tierra comunal. Se limita la ocupatio de las tierras públicas.
Esta leyes hacen referencia a las reivindicaciones de los plebeyos. Como consecuencia de esta ley se crearon dos magistraturas, la pretura y la edilidad curul. El pretor como magistrado ordinario aparece con la misión de encargarse de la administración de la justicia, mientras que los ediles se ocupaban de la administración local. Se requiere de unas magistraturas más especializadas para unas necesidades mayores de la República.
Las leyes Licinio-Sextias marcan el fin de una época y la sustitución de una política en Roma la cual cambiaría pero el conflicto patricio-plebeyo sigue existiendo hasta el año 287 a.C., con las lex Hortensia donde toca a su fin. A partir de esta ley las decisiones tomadas en la asamblea de la plebe pasan a ser vinculantes tanto para los plebeyos como para los patricios, lo que es considerado el punto final del conflicto. Ahora la lucha se plantea entre grupos de facciones políticas integradas por patricios y plebeyos que lucharán por el poder, surgiendo la nobilitas patricio-plebeya.Desarrollo institucional en el siglo VI
Se define una nueva clase dirigente que es la nobilitas que está formada tanto por patricios como por plebeyos. Es una aristocracia política abierta al conjunto de la ciudadanía. Con el nombre de nobilitas se designa al conjunto de todas aquellas familias en las cuales uno de sus miembros a desempeñado una magistratura curul, es decir, todas las existentes menos aquellas reservadas a la plebe, incluida la cuestura que tampoco era una magistratura curul.
Una de los cónsules había de ser plebeyo. Esta regla funcionó en los primeros años, pero a partir del 355 empiezan a aparecer colegios consulares formados solo por patricios. Esto no supone un intento de retorno al pasado. Esto se incluye más bien en las formas que adoptan las facciones políticas en sus luchas. En el año 341 un tribuno de la plebe propone una serie de leyes que impulsan a la plebe en las magistraturas como no optar al consulado hasta diez años después de haber ejercido esta magistratura ejercida. También hace aprobar la posibilidad de que pudiera haber dos cónsules plebeyos en un mismo año.
Desde el punto de vista político se abren las puertas el consulado a nuevos elementos de la plebe y también a otras familias patricias como los emilios quienes habían sido marginados. Entre los plebeyos que se beneficiaron está Quinto Publilio Filón, con una carrera política característica de la época, pero también es reflejo de la continuas violaciones de las leyes del tribuno de la plebe de Genucio, ya que Publilio fue cuatro veces cónsul, dictador y pretor. Se define como un político de la nobleza patricio-plebeya. Siendo dictador en el año 339 establece una serie de leyes en las que todo proyecto de ley antes, de ser llevado a la asamblea tiene que tener la aprobación del senado. También fijaba que uno de los censores había de ser plebeyo pero que también los dos podían serlo. Se trata de medidas que favorecen a la aristocracia plebeya.
La ley de la auctoritas patrum implica lastres para las instituciones de la República. El magistrado gozaba de una gran libertad y sobretodo ejercía una influencia decisiva sobre la asamblea la cual se limitaba a aprobar y a rechazar. No había en ella debate. Esto se veía claro en la elección de los magistrados. Existía un campaña electoral en la que el candidato se diferencia de los demás porque pintaba su túnica con polvo de tiza, llamada como toga cándida, de la que deriva la palabra candidato. En épocas más antiguas era la asamblea la que elegía al magistrado, pero la mayoría de las veces era el magistrado saliente el que elegía al entrante, no de una forma directa, sino que le avalaba ante la asamblea, en la que ejercía una gran influencia. Lo que pretende Publilio es convertir al senado en el árbitro de la vida pública y que actuara como filtro, discutiendo todas las propuestas antes de llevarlas ante la asamblea. Se trata por tanto de una medida más útil para la República dentro de la ideología que imperaba en Roma.
Con todas estas medidas se constituye una nueva forma de lucha política. Los plebeyos acceden fácilmente a la nueva nobilitas y no encuentran barreras para entrar en las magistraturas e incluso a los sacerdocios públicos, los cuales no solo cumplían una función religiosa sino que tenían también una influencia política. Estos sacerdocios fueron abiertos a la plebe en el año 300 permitiendo que los plebeyos pudieran ser pontífices. Como consecuencia de esto el tribunado de la plebe empieza a decaer hasta la época de los Graco, ya que no había necesidad de acceder al tribunado al ya tener acceso a las demás magistraturas.
Dentro de la nobilitas se constituyen diferentes grupos o facciones. No se tratan en modo alguno de partidos, son facciones que carecen de un programa a largo plazo y en el que todos sus miembros son de la misma ideología en la que quieren acceder al poder y mantenerlo. No hay una división ideológica entre unos y otros. Responden al concepto de la amicitia. Son grupos de familias y de amigos, que en determinado momento se unen para obtener el poder. La amicitia funciona mejor cuando mayor sea el número de habitantes. Esto hace que tales grupos se abran a la participación de nuevos miembros. Esto era lo contrario a la etapa anterior ya que la nobilitas es una clase completamente abierta, no solo a los romanos sino también a los miembros de la aristocracia itálica. La Roma que vemos en el siglo IV es completamente distinta a la del siglo V, la cual era una República de campesinos. En el siglo IV se abre. La agricultura se expande al amparo de la política militar de Roma. Cambia el régimen de la ocupación del suelo y el de la propiedad. El comercio y la artesanía viven un gran auge y los años del comienzo del siglo III es la época dorada de las clases medias campesinas. Se produce un auge de estos elementos que eran los que proporcionaban la estabilidad a la República.Comienza a extenderse el sistema de la colonización a partir de la guerra romano-latina. Habían dos tipos de colonias, la de derecho romano y la derecho latino. La colonia romana supone el desplazamiento de un grupo de ciudadanos a una región fuera del territorio sin que esto implique la perdida de la ciudadanía. Esta comunidad está sometida a la legislación romana. Es una prolongación de Roma. Hay otras colonias que están sometidas al derecho latino. El derecho latino es un sistema jurídico que tiene su origen en la comunidad de sangre y de la lengua que unía a los latinos. Este sentimiento de identidad se plasma en el reconocimiento de unos derechos como el ius migrandi, el ius comercium o el ius connubium. Se tratan de derechos que sancionan jurídicamente prácticas que se venían realizando desde época muy antigua en virtud de esta comunidad que formaban los latinos. Con la guerra del 349, en la cual los latinos se enfrentan a Roma, el Lacio desaparece como tal. Roma establece tratados con cada una de las ciudades. Aquí el derecho latino ya se extiende a ciertas fundaciones coloniales, por lo que el senado, al fundar una colonia, decide está sometida a al derecho latino o al romano. De esta manera se iba aumentando la clase de campesinos que participaban en el ejército. Tales colonias estaban situadas en enclaves estratégicos desde el punto de vista militar, en regiones recién adquiridas con posibilidad de sublevación, por lo que actuaban como colonos soldados ya que entre sus obligaciones estaba la militar. El ciudadano romano se convierte cada vez más en propietario para hacer frente a las guerras, por lo que el ejército se aseguraba el reclutamiento. El problema del nexum sigue existiendo en la mayor parte del siglo IV. El nexum convenía mantenerlo para ser reclamado como una medida electoral a un problema que solucionar. Era algo anacrónico que no tenía razón de ser. Solo servía para fines oportunistas para algunos políticos. Fue definitivamente abolido en el 326 por el comienzo de la guerra contra los samnitas en la cual se necesitaba una tranquilidad social y más soldados que reclutar. Tampoco era rentable ya que tras la expansión se desarrolló le fenómeno esclavista. Cuando se entra en contacto con las economías del sur de Italia, Roma se adapta a su sistema de producción por lo que aumenta el número de los esclavos.
Uno de los aspectos nuevos que surgen es la moneda. Su origen es una cuestión muy debatida. La primera moneda de Roma se trata de emisiones esporádicas aisladas que se datan en el siglo IV. Comienzan siendo monedas de bronce con cabeza de Apolo en el anverso y con la inscripción romaion en griego. El público al que va dirigida esta moneda es al griego pero está amparada por Roma. La circulación se limitaba solo a la Campania.
Hacia el año 310 se habrían producido las emisiones en plata, con una moneda que tiene en el anverso un elemento romano, a Marte, y una leyenda en letras latinas. Se trata de una emisión aislada y acuñada en Campania que quizás tenga que ver con la construcción dela vía Apia, la cual comunicaba en primera instancia Roma con Campania. Habría sido con la guerra de Pirro cuando se pasa a acuñaciones con una secuencia regular provocada por una mayor demanda de la moneda como consecuencia de la guerra, por lo que se ven penetraciones de monedas en regiones sometidas a Roma.Sería en el 269 cuando se acuñan las primeras monedas romanas en Roma, el dracma, en donde aparece Hércules en el anverso y la loba y los gemelos Rómulo y Remo en el reverso. A finales del siglo III se acuñarían los primeros denarios que vienen a mostrar la incursión de Roma en circuitos económicos internacionales.
Desarrollo institucional en los siglos III y II
En general, a partir de la conquista de Italia, asistimos a la época dorada de las clases medias. El campesinado ya no se ve atrapado por el nexum. Hay abundancia de tierras por la conquista y la colonización por lo que es fácil acceder a la condición de ciudadano. Hay una gran estabilidad social y económica del campesinado lo que proporciona solidez a la República y explica el éxito de la política exterior. Sin embargo fue la guerra de Aníbal, la Segunda Guerra Púnica, la que causó enormes estragos en la condiciones de vida de las clases medias campesinas y las cuales no se recuperarían. La guerra de Aníbal marca un punto de inflexión importante en la historia de la República.
De la solidez de este tiempo da forma la reforma de los comicios por centurias. En el siglo III se lleva a cabo una reforma de la asamblea que consiste en vincular las categorías de las centurias con la de las tribus, por lo que el reparto de las centurias por clases es el mismo en todas ellas.
Cada tribu pondrá las mismas clases en cada centuria. Cada clase tendrá sesenta centurias. Esta reforma se explica por esta asamblea que había sido reflejo del ejército.
La asamblea ya no reflejaba al ejército y había perdido su sentido original, por lo que se adapta a las nuevas circunstancias. Ahora el peso de la votación se desplaza hacia abajo. La mayoría absoluta aparece en el centro, en la segunda y en la tercera clase radica la capacidad de decisión. Ahora son 363 centurias.
La guerra de Aníbal alteró esta situación y después la expansión romana por el Mediterráneo alteró aun más la condiciones sociales y políticas de Roma, que pasa de la hegemonía de Italia a una sobre el Mediterráneo en un plazo de tiempo muy corto. La clase de medianos y pequeños propietarios sufrió los efectos de la guerra tanto en el punto de vista económico y político.
El senado adquirió un gran prestigio durante la guerra y nadie discutía su capacidad dirigente de la política romana en su conjunto. Las grandes guerras del siglo II reafirmaron esta situación, con ciertas aspiraciones de poder personal como Escipión, quien es el primero que se identifica con Rómulo. Pero el senado y la oligarquía se imponen sin ninguna fuerza. El senado es el máximo órgano de la administración y de la política por su prestigio, por su auctoritas y por las necesidades de la práctica política. Estaba compuesto por ciudadanos de origen libre.
Los senadores son los representantes de las costumbres tradicionales por lo que determinadas profesiones les son prohibidas por ley. Por lo que se tienen que dedicar solo al campesinado, por la tradición romana. Tampoco podían dedicarse al comercio o a las adjudicaciones públicas. Para ser senador se exige el ejercicio previo de una magistratura. El cargo era vitalicio.
El senado tenía una competencia general sobre los asunto públicos en virtud de su autoridad y prestigio, y por ser la sede de la clase dirigente. Había ámbitos que exigía la intervención senatorial como la política exterior en cuanto a las relaciones con las potencias extranjeras, con los aliados, la repartición de las provincias, la dirección la guerra (la leva militar que era competencia senatorial), el tributo que había que recaudar para pagar al ejército o la que concesión del triunfo.
También tenía competencias judiciales, en Italia y en las provincias. Pero sobretodo el predominio del senado era en el ámbito financiero ya que los bienes públicos pertenecían al pueblo, pero son los magistrados quienes los gestionan bajo la autorización del senado.
En el siglo II se elaboran las primeras leyes para organizar el sistema de las magistraturas, y en el año 180 se publica la Lex Villia annalis, que establece el orden de las magistraturas. Este orden establece la cuestura, la edilidad, la pretura y el consulado. También fija la obligación de tener que pasar dos años entre las magistraturas antes de acceder a la siguiente. Fija las edades mínimasen cada magistratura y se tiene que haber servido diez años en el servicio militar. Esta norma pretende regular el sistema.
Las magistraturas se basan en uno poder definido y en unas funciones precisas. El poder de la magistratura es la potestas, la capacidad de representar a la República. La potestas varía según el magistrado, no es la misma la del cónsul como la del pretor. Dentro de cada colegio de magistrados existe la intercessio, el derecho a veto. Para llevar a adelante una decisión se requiere el consenso de los miembros del colegio. Esto se utiliza para dar estabilidad y evitar decisiones personalistas. Algunas magistraturas tenían en el poder del auspicium, el poder de consultar al dios.
Otro de los poderes es el imperium, el poder supremo de mando militar. El imperium lo tienen nada más que el dictador, el cónsul y el pretor. Son los que tienen el mando militar y dirigen al ejército. El imperium se distingue en dos niveles, el imperium domi, el que es ejercer dentro de la ciudad, y el imperium militae, cuando el magistrado sobresale del pomerium.
En el siglo II el sistema de las magistraturas fue continuamente objeto de legislación pero con medidas de eficacia más que dudosa. Se crea la promagistratura la cual es una prorroga no de la magistratura sino del poder. Se prorroga el imperium para culminar una serie de acciones por razones militares. El senado es el que otorga estas prorrogas.
Otras magistraturas pierden peso como el tribunado de la plebe ya que la plebe podía ejercer las demás magistraturas. Ya nadie quería ser tribuno y esta magistratura fue ocupada por personas mediocres que ya no actuaban a favor del pueblo sino como una herramienta más. Habrá que esperar hasta el tribunado de los Graco cuando esta magistratura vuelva a adquirir un cariz revolucionario pero dentro de la confrontación entre la nobilitas y no de parte del pueblo. La dictadura también pierde importancia porque ya no era necesaria.
Los comicios van perdiendo algunas facultades. En la administración de la justicia empiezan a aparecer los tribunales especializados que estaban compuestos por senatoriales ecuestres. A la vez que la asamblea pierde relevancia hay una preocupación por garantizar los derechos y libertades del ciudadano. Por ejemplo, se prohíbe el castigo corporal sobre el ciudadano. Al ciudadano no se le podía torturar. Otras leyes introdujeron el voto secreto en la asamblea.
La estructura social se ve modificada. Desde el punto de vista económico podemos definir como clases superiores a aquellas que poseían la riqueza. La clase superior era el orden ecuestre en el cual se reclutaba a la nobilitas. Pero no todos los que poseían riqueza se dedicaban a la política.
Dentro este grupo social va surgiendo un grupo con una clara vocación política. Se van diferenciando dentro del estamento superior dos órdenes, por un lado el orden senatorial que son aquellos que ocupan las más altas magistraturas y el senado, los que tienen una carrera política. Y el orden ecuestre, que tienen el mismo nivel de riqueza pero que no practican la política. Se tiende poco a poco a la exclusividad del orden, sobretodo en el orden senatorial.
En el 218 se prohíbe a los senadores y a sus hijos poseer barcos que sobrepasen una cierta capacidad de ánforas con el fin de limitar su actividad económica a la tierra y no dedicarse al comercio. Esta prohibición también se extiende a las adjudicaciones públicas, los contratos con el Estado, a los que el orden senatorial no puede a acceder.
Los intereses económicos de senatoriales y ecuestres eran los mismos, en primer lugar la agricultura y después el latifundio. Los beneficios económicos de otras actividades se invertían en tierras. Después estaban las actividades bancarias y libres, prohibidas a los senatoriales, pero que las desempeñaban a través de terceros, y otros ingresos considerables de la política exterior como la riqueza obtenida del botín, la extorsión a los provinciales y los ingresos de las explotaciones naturales.
Roma carecía de funcionarios y burocracia por lo que se dirige a los privados para financiar las campañas militares, la recaudación de impuestos y la construcción de infraestructuras. La importancia de estos negocios rebasaban las capacidades del individuo por lo que se crean las sociedades de los publicanos las cuales eran empresas compuestas por individuos a las que se daba una adjudicación o arrendamiento. Les arrendaban una función estatal por un periodo de cinco años por medio de subastas. Al que se le adjudicaba pagaba una suma total y luego la recuperaba.
Estas adjudicaciones estaban prohibidas a los senatoriales, pero éstos lo hacían mediante intermediarios. El resto de la sociedad se diferencia entre clases urbana y rurales. Las urbanas iban creciendo. Éstas se dedicaban a actividades no agrarias cuyos beneficios revertían en la tierra. En la cúspide estaban los negotiatores que eran los grandes comerciantes y banqueros. Los más ricos pertenecían al orden ecuestre y por debajo estaban los comerciantes y artesanos más modestos. Después está la plebs, un proletariado que constituía el último grado de la sociedad. Las clases rurales fueron las que más sufrieron por las guerras de Aníbal. También se establece una jerarquía en función de las diferentes propiedades.
Un fenómeno característico de la sociedad romana es la esclavitud como consecuencia de las guerras y de la helenización de Roma. Hay un incremento notable de la oferta. Había esclavitud de legalidad dudosa como la servidumbre por deudas o la esclavitud voluntaria, y la venta de niños. El esclavo se utilizaba en todas las actividades, sobre todo en la agricultura. También en las minas. Se incrementa la esclavitud doméstica con la tendencia del incremento en el lujo de la aristocracia.
El incremento de la esclavitud trae consigo el incremento de los libertos (esclavos liberados, con ciertas obligaciones con respecto a su antiguo señor).
El derecho romano tenía tres formas de manumisión, por testamento, la liberación ante el magistrado y cuando el dueño permitía al esclavo inscribirse en el censo. El liberto se constituye como ciudadano de derecho. Formaba un ordo y queda unido a su dueño del que tomaba su nombre.
Los vínculos entre ambos se refuerzan ya que el patrono podía exigir del liberto dinero o otras acciones dentro de su fides. Se trata de ampliar la clientela del noble.
El incremento de la esclavitud tenía su parte negativa con el aumento de las revueltas serviles. El esclavo rural vivía en una explotación extrema. Era un objeto y esto provoca revueltas a comienzos del siglo II y del I. Estas revueltas adquieren condiciones bélicas en Sicilia en donde se manifiesta en primer lugar la revuelta de Ennio, constituyendo un pequeño Estado en Sicilia. Al final fue reprimido por un ejército consular. La más famosa de las revueltas fue la de Espartaco en el siglo I.
viernes, 6 de noviembre de 2015
La República Romana
Introducción
La expulsión de la dinastía reinante en Roma supuso el fin del régimen monárquico en la ciudad. Desde finales del siglo VI a.C. y hasta la llegada de Octavio Augusto al poder (27 a.C.) se extiende el régimen republicano, dirigido por un Senado oligárquico y por un sistema de magistraturas que se irá desarrollando con el tiempo.
La historiografía actual distingue dos grandes fases en la historia de la República. Una primera (Alta República) hasta el desenlace de la segunda Guerra Púnica (201 a.C.), en que Roma se convierte en potencia hegemónica en Italia y dominadora en el Mediterráneo central y occidental; y una segunda (Baja República) en la que la conquista de los estados helenísticos de Oriente va convirtiendo a Roma en dominadora del mundo mediterráneo, a la vez que se producen dramáticos cambios y tensiones en sus estructuras políticas y sociales.
El conflicto Patricio-Plebeyo
El proceso histórico de los primeros tiempos de la República se concreta en tres fenómenos íntimamente conectados. En el interior, el conflicto entre patricios y plebeyos, paralelo a la creación y evolución de las instituciones políticas republicanas. En el exterior, la progresiva extensión del dominio de Roma en Italia.
El origen de la diferenciación entre patricios y plebeyos no está del todo clara: parece que ya a fines de la época monárquica un reducido grupo de familias —los patricii— logró elevarse sobre el conjunto de la comunidad romana, monopolizando en sus manos el derecho —que era consuetudinario—, y la dirección de la esfera religiosa de la sociedad. Estas familias de patricios fueron destacándose del resto de la población, la plebs, convirtiéndose en una aristocracia inaccesible.
Tras la expulsión de los reyes, desde comienzos del s. V a.C. sólo los patricios pudieron acceder a la nueva máxima magistratura del Estado, el consulado, y solo ellos podían acceder al Senado. Por otra parte, sólo los patricios podían interpretar la aplicación del derecho privado, dada la ausencia absoluta de ley escrita; además de poseer la mayoría de las tierras y reservarse el control de los nuevas lotes obtenidos en las conquistas.
La plebe estaba integrada por el resto de la población romana, en su mayor parte una masa de pequeños propietarios campesinos, en muchos casos empobrecidos y endeudados con los ricos aristócratas, con el riesgo de caer en la esclavitud por impago de deudas (nexum). Pero no toda la plebe era pobre: existían también algunas familias plebeyas que fueron alcanzando un notable poder económico pero que, al no pertenecer al patriciado, no podía acceder al consulado ni al Senado.
Los aristócratas, interesados en la expansión militar en la región del Lacio, necesitaban a los plebeyos como soldados. La fuerza del sector plebeyo residía en negarse a participar en el ejército, dado que se les excluía y no se sentían parte de un estado controlado por los aristócratas. Ello lo pusieron dramáticamente de manifiesto en varias ocasiones —la primera de ellas en 494 a.C.—, retirándose, según la tradición, de Roma, a la cercana colina del Aventino y amenazando con crear una comunidad política propia (secessio).
En la colina del Aventino, los plebeyos crean la asamblea plebeya (concilium plebis) en el seno de la cual eligen a los tribunos de la plebe, magistrados responsables de defender sus reivindicaciones frente a los cónsules, mediante el derecho de veto (intercessio).
La amenaza plebeya forzó la aceptación del poder de los tribunos de la plebe por parte de los patricios. Se inicia entonces un periodo de lucha de los plebeyos por alcanzar todo un conjunto de reivindicaciones en el ámbito judicial, político y económico.
Hacia 450 a.C. se publican las primeras leyes escritas conocidas del mundo romano: las llamadas “Leyes de las XII Tablas”. Su redacción se atribuye a una comisión de diez hombres notables (decenviros). Estas leyes no conllevaron la paridad de derechos entre patricios y plebeyos: su única aportación a la igualdad entre ambos grupos es que, por vez primera, existe un código de justicia, público e igual para todos, pero que, por ejemplo, mantiene la prohibición del matrimonio entre patricios y plebeyos.

A partir de mediados del siglo IV a.C., las reivindicaciones plebeyas obtienen sus primeros éxitos importantes: en 367 a.C., las leyes Licinio-Sextias abren las puertas del consulado a los plebeyos —a su élite acomodada—, y en 326 a.C., se atenúa la situación de los pobres con la abolición del nexum. La apertura del consulado acelera el acceso de los plebeyos a las restantes magistraturas y sacerdocios patricios.
La asamblea de la plebe se abrió al patriciado, convirtiéndose en comitia, ordenados —como aquellos— por tribus como unidades de voto: los comitia tributa (comicios por tribus). En 287 a.C., con la lex Hortensia, las decisiones tomadas en estos comitia tributa, pasan a ser vinculantes para todo el Estado, lo que es considerado el punto final del conflicto patricio-plebeyo.
Con la codificación del derecho, el acceso a las magistraturas, la institución de los tribunos de la plebe y de los plebiscitos y la abolición de la servidumbre por deudas, los plebeyos habían logrado sus principales objetivos y podían considerarse integrados en el Estado. Las familias patricias conservaron su posición hereditaria en el Senado, que también se fue abriendo a los plebeyos que hubieran ocupado magistraturas. Pero el acceso plebeyo a las magistraturas y al Senado no fue algo generalizado: benefició tan sólo a un pequeño número de familias plebeyas, que fueron paulatinamente integrándose con la antigua aristocracia patricia en el nuevo grupo dominante: la nobilitas patricio-plebeya. Esta clase política nueva es la que convertirá a Roma en la dueña de Italia y en un Estado imperialista.
Las instituciones políticas del Estado
Las instituciones de la República Romana representaban un equilibrio complicado, pero eficaz, entre diversas instancias, que se apoyaban o se contrapesaban mutuamente: las magistraturas, el Senado y las asambleas populares.
Asambleas
La estructura del Estado romano es la de una ciudad-Estado formalmente democrática, pero que, en la práctica, resulta ser una plutocracia, ya que el grado de participación política está regulado por la riqueza.
En la República Romana, como en las póleis griegas, el pueblo (populus romanus) estaba constituido por todos los varones libres poseedores de la ciudadanía. El pueblo era el depositario de la soberanía, que ejercía a través de las asambleas populares (comitia). En ellas no existe el principio de cada persona un voto, sino que los ciudadanos se agrupan en diferentes unidades de voto: curias, centurias o tribus. En la República coexisten distintos tipos de asambleas:
- Las más antiguas eran los comicios por curias (comitia curiata), procedentes de época monárquica, en las que el pueblo se ordenaba en 30 curias. En época republicana, esta asamblea quedó reducida a funciones simbólicas.
- Los comicios por centurias (comitia centuriata) datan del final de la época monárquica. Se trata de la expresión política del pueblo en armas. Su principio de organización eran las centurias, agrupadas en clases censitarias de acuerdo con la riqueza personal. En su forma evolucionada, desde finales del siglo IV a.C., estos comicios constaban de 193 centurias: 175 de infantería, agrupadas en 5 clases censitarias, y 18 centurias de caballeros (equites). A la primera clase de infantes correspondían 80 centurias; 20, de la segunda a la cuarta clase; 30 a la quinta, y 5 centurias, al margen de la clasificación censitaria: 4 de ellas constituían el elemento auxiliar del ejército, y la quinta la formaba la gran masa de individuos, que, al no disponer de propiedades, sólo podían contribuir al Estado con sus hijos (proletarii). Bajo una apariencia democrática, el poder de decisión descansaba en los más ricos: al ser 193 los votos, la mayoría absoluta se alcanzaba con 98, que era precisamente la suma de las centurias de los equites (18) más las de la primera clase (80).
- Junto a la organización centuriada, basada en el la fortuna personal, el populus romano estaba repartido en distritos territoriales, las tribus, fundamento de los comicios por tribus (comitia tributa) y del concilium plebis.
Los comicios por tribus eran la asamblea de base territorial. En 241 a.C. se alcanzó el número definitivo de 35 tribus: de ellas, cuatro eran urbanas, y las otras 31 rústicas. En las votaciones se votaba por tribus, con lo que la numerosa plebe urbana, restringida a cuatro tribus, estaba en inferioridad respecto a las tribus rústicas, normalmente representadas por terratenientes. La asamblea de la plebe (concilium plebis), encargada de elegir a los tribunos y a los ediles, se reunía también por tribus. Ambas asambleas tenían competencia legislativa.
Las asambleas romanas eran una pieza imprescindible del mecanismo del Estado. En ellas se elegía a los magistrados, se votaban las leyes, y se decidían las declaraciones de guerra y la conclusión de tratados. También tenían competencia en materia penal para crímenes contra el Estado, como máximo tribunal de apelación. La obligación de la presencia física del ciudadano en las votaciones fue convirtiendo las asambleas en la simple reunión de la plebs urbana, blanco fácil de la ambición de los políticos, que desarrollaron los más diversos modos de corrupción.
Magistraturas
Las magistraturas eran los cargos de gobierno ejecutivo de la República, sujetas a unas características caracteres generales: la magistratura estaba, en primer lugar, sujeta a elección por parte del pueblo; ello significaba una gran dignidad (honos) y tenía carácter gratuito. Un segundo principio era el de la anualidad para todos los cargos públicos, a excepción del dictador y del colegio de los censores. Por último, la magistratura era colegiada: con excepción del dictador, todos los magistrados romanos formaban colegios de, al menos, dos miembros, para evitar la concentración de poder en las manos de un solo individuo. Cada miembro de un colegio tenía derecho veto sobre las decisiones de sus colegas.
Siendo la magistratura un honor gratuito y exigiendo su cumplimiento, en ciertos casos, enormes gastos, es evidente su desempeño sólo podía recaer en las manos de los miembros de la nobilitas. Con el tiempo, se fue estableciendo un cierto orden en el conjunto de las magistraturas y en el modo de cumplirlas. Esta carrera o cursus honorum fijaba los distintos escalones de la magistratura, de menor a mayor, y establecía la limitación mínima de edad para cada uno de los grados.
Los cuestores (quaestores) constituían el grado más bajo de la magistratura. Su función fundamental consistía en la administración de las contabilidad y los archivos del Estado.
Seguían en rango los ediles (aediles), un colegio compuesto por 4 miembros, 2 patricios y 2 plebeyos, encargados del aprovisionamiento de la ciudad, de las calles y de los juegos y espectáculos públicos.
El tribunado de la plebe era desempeñado por 10 miembros de origen plebeyo. Sus amplios poderes desarrollados en favor de los plebeyos durante la lucha de estamentos, fueron mantenidos y extendidos a todo el cuerpo ciudadano, como protectores del pueblo contra posibles abusos de los otros magistrados.
El colegio de pretores estaba especializado en el campo de la administración de justicia. Estaban investidos, como los cónsules, de autoridad militar (imperium), aunque de categoría menor.
Los magistrados supremos de la República eran los dos cónsules, a quienes estaba encomendada la dirección del Estado y el mando del ejército. Poseían en plenitud el imperium, la autoridad militar, y su ámbito de competencia apenas tenía limitaciones: convocaban las asambleas populares y el senado y juzgaban causas de carácter civil y penal. En casos de grave peligro exterior o interior, los cónsules podían nombrar un dictador, cuya función no podía sobrepasar un período de más de seis meses.

Los dos censores, elegidos por cinco años, eran los encargados de efectuar y mantener el censo, asignando a cada ciudadano a una determinada clase censitaria y a una determinada tribu,
y fijando así sus obligaciones fiscales y militares. Velaban también sobre las buenas costumbres, elegían los miembros del Senado entre los ex-magistrados y se ocuparon también de dirigir las obras públicas del Estado.
Cónsules, pretores y censores eran elegidos por los comicios centuriados. Los cuestores, los ediles y los tribunos de la plebe eran elegidos por los comicios tributos o por la asamblea de la plebe. Los romanos solían elegir los magistrados de entre las familias en las que ya había habido otros magistrados exitosos en el pasado. Aquel que, de manera excepcional, llegaban a las magistraturas sin pedigrí político familiar era denominado un homo novus.
El senado
El Senado era la institución que agrupaba a la aristocracia patricio-plebeya, auténtica detentadora del poder político. Fue desarrollándose a lo largo de la República como un consejo supremo destinado a asesorar a los magistrados. El nombramiento era vitalicio, y contaba con unos trescientos miembros. El senado personificaba la tradición pública romana y toda la experiencia de gobierno y administración de sus componentes. Frente a los magistrados anuales y las asambleas populares, el senado se destacaba como el núcleo permanente del Estado y como el auténtico gobierno de Roma. Aunque sus consejos no eran vinculantes, rara vez eran desoídos por los magistrados. Se ocupaba de cualquier asunto de interés para la dirección del Estado, en los ámbitos de la religión, las finanzas, la administración, el orden interno y, sobre todo, la política exterior. Decidía las operaciones militares, ratificaba los acuerdos con estados extranjeros, distribuía las provincias etc... En el ámbito interno, una función fundamental era la administración de los bienes del Estado.
En conjunto, la República Romana había encontrado un equilibrio dinámico entre sus tendencias democráticas y oligárquicas, ejemplificado en la expresión que Senatus populusque romanus. Este equilibrio institucional fue el que permitió el auge expansionista de Roma.
En el plano ideológico, se van imponiendo durante la Alta República, por parte de la nobilitas, un conjunto de valores morales considerados propios de todo buen ciudadano romano:
– El respeto al Mos maiorum (“la costumbre de nuestros mayores”), a la tradición por encima de todo. Lo antiguo es positivo y prestigioso, lo nuevo es considerado inquietante y peligroso.
– La Virtus (“virtud”), basada en la valentía, la sobriedad, la sensatez y la pureza moral.
– La Fides ( “fe”, “confianza”): el mantenimiento de los juramentos y los pactos no importa a qué precio.
– La disciplina y auto-control; la manifestación pública de las emociones era considerada indecorosa y signo de debilidad.
– El respecto a los superiores, al orden jerárquico de la sociedad. Los niños debían respeto absoluto a sus padres, las mujeres a sus esposos, la plebe a la elite.
La conquista de la península itálica
Es un proceso largo y complejo que se realiza en tres grandes etapas y al final del cual Roma se erige en la principal potencia de Italia.
- En la primera etapa destacan la guerra y conquista de Veyes (396 a.C.), y la derrota y disolución de la Liga Latina (338 a.C.), victorias que convierten a Roma en la ciudad más poderosa del Lacio. La conquista Veyes y la anexión de su territorio supuso la duplicación del dominio territorial de Roma. Pero poco después, en 390 a.C., una horda de invasores celtas venció a las tropas romanas y saqueó Roma, episodio que quedó grabado en la memoria histórica de los romanos.
Los latinos recibieron una ciudadanía “limitada”, con plenos derechos civiles, pero no políticos, no pudiendo votar en las asambleas de Roma ni optar a las magistraturas. Este derecho romano limitado fue denominado derecho latino (ius latii). Parte del territorio ocupado por Roma en las conquistas por toda Italia fue entregado a soldados romanos sin tierras, que renunciaban a su plena ciudadanía a cambio del terreno que recibían, con lo que se formaban “colonias latinas”, es decir, compuestas por ciudadanos de derecho latino. Estas colonias, además, aseguraban el territorio conquistado.
- La segunda etapa incluye la conquista de la Sabina y las guerras conducidas contra los samnitas (343-290 a.C.), triunfos que otorgan a Roma el dominio de la Italia central. Los samnitas, vencidos, hubieron de entregar a Roma parte de su territorio y aceptar ser aliados de Roma.
Los aliados se unían a Roma mediante un pacto (foedus) irrevocable de ayuda y amistad, que les permitía conservar su autonomía interna. Sin embargo, su política exterior y su actividad militar quedaban a merced de Roma. Sobre todo, y debían proporcionar tropas armadas y caballería cada vez que Roma lo requería. Estas tropas auxiliares fueron absolutamente fundamentales en la expansión militar de Roma.
- Durante la tercera etapa se produce la anexión progresiva de Etruria y el control de la Magna Grecia. La presencia del ejército romano en el sur de Italia desencadena las iras de Tarento, que solicita ayuda a Pirro, rey de Epiro. El monarca helenístico se persona en Italia con su ejército y, después de una guerra irregular (280-275 a.C.), es vencido en Benevento. La victoria sobre Pirro y la posterior capitulación de Tarento (272 a.C.) consolidan la posición de los romanos en la Magna Grecia.
La conquista de Italia se había producido en gran parte brutalmente, arrasando las ciudades que se resistían, aplastando las rebeliones y esclavizando a poblaciones enteras. Pero, en los casos de rendición y alianza, se había respetado la autonomía interna de estas comunidades. Las oligarquías locales veían su posición consolidada y protegida por Roma, y sus miembros más destacados incluso obtenían la ciudadanía romana.
Las tierras arrebatadas por Roma pasaban a engrosar el ager publicus romano o servían para la fundación de colonias latinas, que tenían la doble función de proporcionar tierras a los romanos pobres y de asegurar militarmente los puntos estratégicos con una población estable romana.
El asentamiento de colonias latinas por toda Italia, la construcción de vías que, además de facilitar el tránsito de las tropas, reducía las distancias, y la prestación del servicio militar en el ejército romano por parte de los aliados, todo ello contribuía a la “romanización” y unificación cultural de Italia, sobre todo entre las clases elevadas. Italia seguía siendo un mosaico de pequeños Estados, tribus y ciudades autónomas, pero la lengua latina, la escritura y las costumbres romanas se extendían, y los recursos militares de toda la península quedaban unificados bajo la dirección del Senado Romano.
Las guerras Púnicas
Las ambiciones mediterráneas de Roma acabaron colisionando con las del Estado cartaginés. En el siglo III a.C., Cartago es una potencia que controla la parte noroccidental de África, la zona meridional de Cerdeña, el extremo occidental de Sicilia y la isla de Ibiza. Su fuerza militar se basa en una imponente flota marítima y en un heterogéneo ejército de ciudadanos y de mercenarios.
- La primera guerra Púnica (264-241 a.C.) se desencadena cuando Roma, al aprovechar una confrontación entre cartagineses y griegos de Sicilia, envía sus tropas a la isla. La guerra duró más de veinte años y fue durísima, perdiendo cada bando más de 100.000 hombres y 500 barcos. La guerra se decidió en el mar: al inicio de la misma los romanos carecían de flota, pero a lo largo de la confrontación lograron desarrollarla, y tras una etapa de reveses iniciales, en 241 a.C. derrotaron decisivamente a la flota cartaginesa frente a las islas Égates, al oeste de Sicilia, que fue anexionada.
Al final de la guerra la situación geopolítica de Roma se había transformado. De potencia puramente terrestre se había convertido también en potencia marítima. Y con la anexión de Sicilia, Cerdeña y Córcega como provincias, administradas por gobernadores y obligadas a pagar tributos a la metrópoli, Roma comenzaba a entrar en su nueva etapa imperialista.
- La segunda guerra Púnica (218-201 a.C.). Las cuantiosas pérdidas materiales causadas por la guerra empujan a los cartagineses a ampliar sus dominios territoriales sobre el sur y el este de la península Ibérica. El ataque dirigido por Aníbal contra la ciudad de Sagunto, aliada de Roma, sirve de excusa al senado para enviar a la Península las legiones comandadas por Gneo y Publio Comelio Escipión, acontecimientos que desencadenan el estallido de la guerra. Mientras tanto, Aníbal se dirige con su ejército hacia Italia. Después de las victorias púnicas de Trebia, Tesino, Trasimeno y Cannas, la guerra se mantiene en Italia por espacio de casi quince años, hasta que, finalmente, Aníbal es obligado a regresar a África. En 202 a.C., los cartagineses son derrotados en Zama por el cónsul Publio Cornelio Escipión Africano, el mismo que entre 210 y 206 a.C. había conseguido expulsarlos de Hispania.
- Durante los cincuenta años siguientes, los cartagineses son relegados a sus posesiones africanas, pero su recuperación económica desata los temores de Roma, que provoca una nueva guerra. La tercera guerra Púnica (149-146 a.C.) acontece exclusivamente en África y se cierra con la destrucción total de la ciudad de Cartago. A inicios del siglo II a.C., en conclusión, Roma es la primera potencia del Mediterráneo central y occidental.
La forja del dominio mediterráneo de Roma distingue, a lo largo de su evolución, un eje apoyado en dos conceptos relacionados pero diferentes entre sí: hegemonía e imperialismo. Ambos explican las dos actitudes con las que Roma, a través de la Historia, fue enfrentando la cuestión de la conquista de nuevos territorios. Por hegemonía se entiende la posición política directora de un determinado Estado dentro de un territorio o conjunto de territorios, sin que sea necesaria la anexión de tierras. Por imperalismo se entiende la voluntad de expansión sin límites precisos mediante el uso de la fuerza y sólo con la intención explícita de anexionar tierras ajenas.
La conquista de Oriente
Los inicios de la penetración en Oriente se caracterizan por la política diplomática y por los pactos. Sin embargo, con el tiempo, la conducta de Roma se torna más marcadamente imperialista, basada en la anexión directa, lo que comporta enormes beneficios en botines e impuestos. A lo largo del proceso imperialista destaca la complicidad que Roma halla entre las clases dirigentes indígenas, con las cuales se establece una comunión de intereses económicos y de integración política que hacen del imperialismo romano un fenómeno irreversible.
Tras la victoria de Aníbal en Cannas, el rey Filipo V de Macedonia había concertado con él una alianza, episodio que sirve de coartada a Roma para iniciar la guerra una vez derrotada Cartago. Las tropas romanas, mandadas por Tito Quincio Flaminino derrotaron a Filipo en la batalla de Cinoscéfalos (197 a.C.). Poco después, en los juegos ístmicos celebrados en Corinto, Flaminino proclamaba la libertad de todas las ciudades griegas, previamente sometidas a la tutela macedonia, y era aclamado por los griegos. Debilitada y humillada la monarquía macedonia, los romanos se retiraron.
El otro monarca helenístico que inquietaba a los romanos era el seléucida Antíoco III el Grande. Las tropas romanas lo derrotaron en Magnesia (190 a.C.), obligándolo a firmar la paz de Apamea (188 a.C.), que significó el inicio del fin del Imperio seleúcida, reducido a sus dominios orientales una vez liberado el reino de Pérgamo y los territorios de las ciudades griegas de la costa, y obligado a pagar enormes reparaciones de guerra. Cumplido su objetivo, los romanos volvieron a retirarse.
A partir de ese momento, la intervención de Roma en el Oriente sería más directa. En 171 a.C. Roma declaró la guerra al nuevo rey Perseo de Macedonia, y las tropas romanas, al mando de Lucio Emilio Paulo, lo derrotaron en Pidna (168 a.C.). La monarquía macedonia fue abolida; Emilio Paulo saqueó la región, llevando a Roma un botín tan gigantesco que permitió al Estado la supresión de los impuestos que previamente pagaban los ciudadanos romanos.
Cuando las ciudades griegas comprendieron las intenciones de dominio de Roma, se produjeron intentos de rebelión. En 146 a.C. la ciudad de Corinto fue arrasada por las tropas romanas, en las mismas fechas en las que se procede a la total destrucción de Cartago (3ª Guerra Púnica). Estas brutales acciones estaban orientadas a despertar en todo el mundo el terror y el respeto por Roma.
Sólo el reino lágida de Egipto se mantendría independiente todavía durante casi un siglo, hasta que Cleopatra VII, aliada con Marco Antonio, intentó disputar a los romanos su dominio en el área oriental, siendo derrotada en Actium (31 a.C.).
Justificación y causas de la expansión romana
Los propios autores romanos justificaban su actitud expansiva en términos defensivos, acuñando el concepto del bellum iustum, por el que se presenta siempre al enemigo como culpable de la confrontación y cargado de tópicos negativos, lo que hace “justa” la acción bélica de Roma. Esta justificación romana de su expansión y conquista fue, en esencia, asumida por el padre de los modernos estudios de Historia de Roma, Theodor Mommsen (1817-1903). La investigación actual apunta, en cambio, a móviles fundamentalmente económicos y políticos en la base de este fenómeno.
La política de guerras y expansión reportaba grandes ventajas políticas a los miembros de la nobilitas, que veían en las conquistas la posibilidad de lograr prestigio político (gloria, fama, celebración de triunfos). Pero también grandes beneficios económicos, en términos de nuevas tierras y masas de esclavos que trabarlas.
Junto a ellos, de la conquista benefició mucho a los hombres de negocios y comerciantes (los caballeros o equites), que afianzaban sus relaciones comerciales en posición de privilegio en los nuevos territorios.
También la masa plebeya de ciudadanos romanos —pero también los latinos e itálicos—, se vio inmersa en la dinámica imperialista. En la fase de expansión permanente, el saqueo y el botín eran muy atractivos, y la llegada de enormes riquezas a Roma —por indemnizaciones de guerra y tributos— supuso la supresión de impuestos directos a los romanos y el auge del evergetismo en la ciudad, con una elevación inicial del nivel de vida.
No obstante, a medio y largo plazo, veremos cómo las consecuencias de la expansión imperialista afectaron de manera especialmente negativa al campesinado romano, que constituía la propia base de su ejército.
La expulsión de la dinastía reinante en Roma supuso el fin del régimen monárquico en la ciudad. Desde finales del siglo VI a.C. y hasta la llegada de Octavio Augusto al poder (27 a.C.) se extiende el régimen republicano, dirigido por un Senado oligárquico y por un sistema de magistraturas que se irá desarrollando con el tiempo.
La historiografía actual distingue dos grandes fases en la historia de la República. Una primera (Alta República) hasta el desenlace de la segunda Guerra Púnica (201 a.C.), en que Roma se convierte en potencia hegemónica en Italia y dominadora en el Mediterráneo central y occidental; y una segunda (Baja República) en la que la conquista de los estados helenísticos de Oriente va convirtiendo a Roma en dominadora del mundo mediterráneo, a la vez que se producen dramáticos cambios y tensiones en sus estructuras políticas y sociales.
El conflicto Patricio-Plebeyo
El proceso histórico de los primeros tiempos de la República se concreta en tres fenómenos íntimamente conectados. En el interior, el conflicto entre patricios y plebeyos, paralelo a la creación y evolución de las instituciones políticas republicanas. En el exterior, la progresiva extensión del dominio de Roma en Italia.
El origen de la diferenciación entre patricios y plebeyos no está del todo clara: parece que ya a fines de la época monárquica un reducido grupo de familias —los patricii— logró elevarse sobre el conjunto de la comunidad romana, monopolizando en sus manos el derecho —que era consuetudinario—, y la dirección de la esfera religiosa de la sociedad. Estas familias de patricios fueron destacándose del resto de la población, la plebs, convirtiéndose en una aristocracia inaccesible.
Tras la expulsión de los reyes, desde comienzos del s. V a.C. sólo los patricios pudieron acceder a la nueva máxima magistratura del Estado, el consulado, y solo ellos podían acceder al Senado. Por otra parte, sólo los patricios podían interpretar la aplicación del derecho privado, dada la ausencia absoluta de ley escrita; además de poseer la mayoría de las tierras y reservarse el control de los nuevas lotes obtenidos en las conquistas.
La plebe estaba integrada por el resto de la población romana, en su mayor parte una masa de pequeños propietarios campesinos, en muchos casos empobrecidos y endeudados con los ricos aristócratas, con el riesgo de caer en la esclavitud por impago de deudas (nexum). Pero no toda la plebe era pobre: existían también algunas familias plebeyas que fueron alcanzando un notable poder económico pero que, al no pertenecer al patriciado, no podía acceder al consulado ni al Senado.
Los aristócratas, interesados en la expansión militar en la región del Lacio, necesitaban a los plebeyos como soldados. La fuerza del sector plebeyo residía en negarse a participar en el ejército, dado que se les excluía y no se sentían parte de un estado controlado por los aristócratas. Ello lo pusieron dramáticamente de manifiesto en varias ocasiones —la primera de ellas en 494 a.C.—, retirándose, según la tradición, de Roma, a la cercana colina del Aventino y amenazando con crear una comunidad política propia (secessio).
En la colina del Aventino, los plebeyos crean la asamblea plebeya (concilium plebis) en el seno de la cual eligen a los tribunos de la plebe, magistrados responsables de defender sus reivindicaciones frente a los cónsules, mediante el derecho de veto (intercessio).
La amenaza plebeya forzó la aceptación del poder de los tribunos de la plebe por parte de los patricios. Se inicia entonces un periodo de lucha de los plebeyos por alcanzar todo un conjunto de reivindicaciones en el ámbito judicial, político y económico.
Hacia 450 a.C. se publican las primeras leyes escritas conocidas del mundo romano: las llamadas “Leyes de las XII Tablas”. Su redacción se atribuye a una comisión de diez hombres notables (decenviros). Estas leyes no conllevaron la paridad de derechos entre patricios y plebeyos: su única aportación a la igualdad entre ambos grupos es que, por vez primera, existe un código de justicia, público e igual para todos, pero que, por ejemplo, mantiene la prohibición del matrimonio entre patricios y plebeyos.

A partir de mediados del siglo IV a.C., las reivindicaciones plebeyas obtienen sus primeros éxitos importantes: en 367 a.C., las leyes Licinio-Sextias abren las puertas del consulado a los plebeyos —a su élite acomodada—, y en 326 a.C., se atenúa la situación de los pobres con la abolición del nexum. La apertura del consulado acelera el acceso de los plebeyos a las restantes magistraturas y sacerdocios patricios.
La asamblea de la plebe se abrió al patriciado, convirtiéndose en comitia, ordenados —como aquellos— por tribus como unidades de voto: los comitia tributa (comicios por tribus). En 287 a.C., con la lex Hortensia, las decisiones tomadas en estos comitia tributa, pasan a ser vinculantes para todo el Estado, lo que es considerado el punto final del conflicto patricio-plebeyo.
Con la codificación del derecho, el acceso a las magistraturas, la institución de los tribunos de la plebe y de los plebiscitos y la abolición de la servidumbre por deudas, los plebeyos habían logrado sus principales objetivos y podían considerarse integrados en el Estado. Las familias patricias conservaron su posición hereditaria en el Senado, que también se fue abriendo a los plebeyos que hubieran ocupado magistraturas. Pero el acceso plebeyo a las magistraturas y al Senado no fue algo generalizado: benefició tan sólo a un pequeño número de familias plebeyas, que fueron paulatinamente integrándose con la antigua aristocracia patricia en el nuevo grupo dominante: la nobilitas patricio-plebeya. Esta clase política nueva es la que convertirá a Roma en la dueña de Italia y en un Estado imperialista.
Las instituciones políticas del Estado
Las instituciones de la República Romana representaban un equilibrio complicado, pero eficaz, entre diversas instancias, que se apoyaban o se contrapesaban mutuamente: las magistraturas, el Senado y las asambleas populares.
Asambleas
La estructura del Estado romano es la de una ciudad-Estado formalmente democrática, pero que, en la práctica, resulta ser una plutocracia, ya que el grado de participación política está regulado por la riqueza.
En la República Romana, como en las póleis griegas, el pueblo (populus romanus) estaba constituido por todos los varones libres poseedores de la ciudadanía. El pueblo era el depositario de la soberanía, que ejercía a través de las asambleas populares (comitia). En ellas no existe el principio de cada persona un voto, sino que los ciudadanos se agrupan en diferentes unidades de voto: curias, centurias o tribus. En la República coexisten distintos tipos de asambleas:
- Las más antiguas eran los comicios por curias (comitia curiata), procedentes de época monárquica, en las que el pueblo se ordenaba en 30 curias. En época republicana, esta asamblea quedó reducida a funciones simbólicas.
- Los comicios por centurias (comitia centuriata) datan del final de la época monárquica. Se trata de la expresión política del pueblo en armas. Su principio de organización eran las centurias, agrupadas en clases censitarias de acuerdo con la riqueza personal. En su forma evolucionada, desde finales del siglo IV a.C., estos comicios constaban de 193 centurias: 175 de infantería, agrupadas en 5 clases censitarias, y 18 centurias de caballeros (equites). A la primera clase de infantes correspondían 80 centurias; 20, de la segunda a la cuarta clase; 30 a la quinta, y 5 centurias, al margen de la clasificación censitaria: 4 de ellas constituían el elemento auxiliar del ejército, y la quinta la formaba la gran masa de individuos, que, al no disponer de propiedades, sólo podían contribuir al Estado con sus hijos (proletarii). Bajo una apariencia democrática, el poder de decisión descansaba en los más ricos: al ser 193 los votos, la mayoría absoluta se alcanzaba con 98, que era precisamente la suma de las centurias de los equites (18) más las de la primera clase (80).
- Junto a la organización centuriada, basada en el la fortuna personal, el populus romano estaba repartido en distritos territoriales, las tribus, fundamento de los comicios por tribus (comitia tributa) y del concilium plebis.
Los comicios por tribus eran la asamblea de base territorial. En 241 a.C. se alcanzó el número definitivo de 35 tribus: de ellas, cuatro eran urbanas, y las otras 31 rústicas. En las votaciones se votaba por tribus, con lo que la numerosa plebe urbana, restringida a cuatro tribus, estaba en inferioridad respecto a las tribus rústicas, normalmente representadas por terratenientes. La asamblea de la plebe (concilium plebis), encargada de elegir a los tribunos y a los ediles, se reunía también por tribus. Ambas asambleas tenían competencia legislativa.
Las asambleas romanas eran una pieza imprescindible del mecanismo del Estado. En ellas se elegía a los magistrados, se votaban las leyes, y se decidían las declaraciones de guerra y la conclusión de tratados. También tenían competencia en materia penal para crímenes contra el Estado, como máximo tribunal de apelación. La obligación de la presencia física del ciudadano en las votaciones fue convirtiendo las asambleas en la simple reunión de la plebs urbana, blanco fácil de la ambición de los políticos, que desarrollaron los más diversos modos de corrupción.
Magistraturas
Las magistraturas eran los cargos de gobierno ejecutivo de la República, sujetas a unas características caracteres generales: la magistratura estaba, en primer lugar, sujeta a elección por parte del pueblo; ello significaba una gran dignidad (honos) y tenía carácter gratuito. Un segundo principio era el de la anualidad para todos los cargos públicos, a excepción del dictador y del colegio de los censores. Por último, la magistratura era colegiada: con excepción del dictador, todos los magistrados romanos formaban colegios de, al menos, dos miembros, para evitar la concentración de poder en las manos de un solo individuo. Cada miembro de un colegio tenía derecho veto sobre las decisiones de sus colegas.
Siendo la magistratura un honor gratuito y exigiendo su cumplimiento, en ciertos casos, enormes gastos, es evidente su desempeño sólo podía recaer en las manos de los miembros de la nobilitas. Con el tiempo, se fue estableciendo un cierto orden en el conjunto de las magistraturas y en el modo de cumplirlas. Esta carrera o cursus honorum fijaba los distintos escalones de la magistratura, de menor a mayor, y establecía la limitación mínima de edad para cada uno de los grados.
Los cuestores (quaestores) constituían el grado más bajo de la magistratura. Su función fundamental consistía en la administración de las contabilidad y los archivos del Estado.
Seguían en rango los ediles (aediles), un colegio compuesto por 4 miembros, 2 patricios y 2 plebeyos, encargados del aprovisionamiento de la ciudad, de las calles y de los juegos y espectáculos públicos.
El tribunado de la plebe era desempeñado por 10 miembros de origen plebeyo. Sus amplios poderes desarrollados en favor de los plebeyos durante la lucha de estamentos, fueron mantenidos y extendidos a todo el cuerpo ciudadano, como protectores del pueblo contra posibles abusos de los otros magistrados.
El colegio de pretores estaba especializado en el campo de la administración de justicia. Estaban investidos, como los cónsules, de autoridad militar (imperium), aunque de categoría menor.
Los magistrados supremos de la República eran los dos cónsules, a quienes estaba encomendada la dirección del Estado y el mando del ejército. Poseían en plenitud el imperium, la autoridad militar, y su ámbito de competencia apenas tenía limitaciones: convocaban las asambleas populares y el senado y juzgaban causas de carácter civil y penal. En casos de grave peligro exterior o interior, los cónsules podían nombrar un dictador, cuya función no podía sobrepasar un período de más de seis meses.

Los dos censores, elegidos por cinco años, eran los encargados de efectuar y mantener el censo, asignando a cada ciudadano a una determinada clase censitaria y a una determinada tribu,
y fijando así sus obligaciones fiscales y militares. Velaban también sobre las buenas costumbres, elegían los miembros del Senado entre los ex-magistrados y se ocuparon también de dirigir las obras públicas del Estado.
Cónsules, pretores y censores eran elegidos por los comicios centuriados. Los cuestores, los ediles y los tribunos de la plebe eran elegidos por los comicios tributos o por la asamblea de la plebe. Los romanos solían elegir los magistrados de entre las familias en las que ya había habido otros magistrados exitosos en el pasado. Aquel que, de manera excepcional, llegaban a las magistraturas sin pedigrí político familiar era denominado un homo novus.
El senado
El Senado era la institución que agrupaba a la aristocracia patricio-plebeya, auténtica detentadora del poder político. Fue desarrollándose a lo largo de la República como un consejo supremo destinado a asesorar a los magistrados. El nombramiento era vitalicio, y contaba con unos trescientos miembros. El senado personificaba la tradición pública romana y toda la experiencia de gobierno y administración de sus componentes. Frente a los magistrados anuales y las asambleas populares, el senado se destacaba como el núcleo permanente del Estado y como el auténtico gobierno de Roma. Aunque sus consejos no eran vinculantes, rara vez eran desoídos por los magistrados. Se ocupaba de cualquier asunto de interés para la dirección del Estado, en los ámbitos de la religión, las finanzas, la administración, el orden interno y, sobre todo, la política exterior. Decidía las operaciones militares, ratificaba los acuerdos con estados extranjeros, distribuía las provincias etc... En el ámbito interno, una función fundamental era la administración de los bienes del Estado.
En conjunto, la República Romana había encontrado un equilibrio dinámico entre sus tendencias democráticas y oligárquicas, ejemplificado en la expresión que Senatus populusque romanus. Este equilibrio institucional fue el que permitió el auge expansionista de Roma.
En el plano ideológico, se van imponiendo durante la Alta República, por parte de la nobilitas, un conjunto de valores morales considerados propios de todo buen ciudadano romano:
– El respeto al Mos maiorum (“la costumbre de nuestros mayores”), a la tradición por encima de todo. Lo antiguo es positivo y prestigioso, lo nuevo es considerado inquietante y peligroso.
– La Virtus (“virtud”), basada en la valentía, la sobriedad, la sensatez y la pureza moral.
– La Fides ( “fe”, “confianza”): el mantenimiento de los juramentos y los pactos no importa a qué precio.
– La disciplina y auto-control; la manifestación pública de las emociones era considerada indecorosa y signo de debilidad.
– El respecto a los superiores, al orden jerárquico de la sociedad. Los niños debían respeto absoluto a sus padres, las mujeres a sus esposos, la plebe a la elite.
La conquista de la península itálica
Es un proceso largo y complejo que se realiza en tres grandes etapas y al final del cual Roma se erige en la principal potencia de Italia.
- En la primera etapa destacan la guerra y conquista de Veyes (396 a.C.), y la derrota y disolución de la Liga Latina (338 a.C.), victorias que convierten a Roma en la ciudad más poderosa del Lacio. La conquista Veyes y la anexión de su territorio supuso la duplicación del dominio territorial de Roma. Pero poco después, en 390 a.C., una horda de invasores celtas venció a las tropas romanas y saqueó Roma, episodio que quedó grabado en la memoria histórica de los romanos.
Los latinos recibieron una ciudadanía “limitada”, con plenos derechos civiles, pero no políticos, no pudiendo votar en las asambleas de Roma ni optar a las magistraturas. Este derecho romano limitado fue denominado derecho latino (ius latii). Parte del territorio ocupado por Roma en las conquistas por toda Italia fue entregado a soldados romanos sin tierras, que renunciaban a su plena ciudadanía a cambio del terreno que recibían, con lo que se formaban “colonias latinas”, es decir, compuestas por ciudadanos de derecho latino. Estas colonias, además, aseguraban el territorio conquistado.
- La segunda etapa incluye la conquista de la Sabina y las guerras conducidas contra los samnitas (343-290 a.C.), triunfos que otorgan a Roma el dominio de la Italia central. Los samnitas, vencidos, hubieron de entregar a Roma parte de su territorio y aceptar ser aliados de Roma.
Los aliados se unían a Roma mediante un pacto (foedus) irrevocable de ayuda y amistad, que les permitía conservar su autonomía interna. Sin embargo, su política exterior y su actividad militar quedaban a merced de Roma. Sobre todo, y debían proporcionar tropas armadas y caballería cada vez que Roma lo requería. Estas tropas auxiliares fueron absolutamente fundamentales en la expansión militar de Roma.
- Durante la tercera etapa se produce la anexión progresiva de Etruria y el control de la Magna Grecia. La presencia del ejército romano en el sur de Italia desencadena las iras de Tarento, que solicita ayuda a Pirro, rey de Epiro. El monarca helenístico se persona en Italia con su ejército y, después de una guerra irregular (280-275 a.C.), es vencido en Benevento. La victoria sobre Pirro y la posterior capitulación de Tarento (272 a.C.) consolidan la posición de los romanos en la Magna Grecia.
La conquista de Italia se había producido en gran parte brutalmente, arrasando las ciudades que se resistían, aplastando las rebeliones y esclavizando a poblaciones enteras. Pero, en los casos de rendición y alianza, se había respetado la autonomía interna de estas comunidades. Las oligarquías locales veían su posición consolidada y protegida por Roma, y sus miembros más destacados incluso obtenían la ciudadanía romana.
Las tierras arrebatadas por Roma pasaban a engrosar el ager publicus romano o servían para la fundación de colonias latinas, que tenían la doble función de proporcionar tierras a los romanos pobres y de asegurar militarmente los puntos estratégicos con una población estable romana.
El asentamiento de colonias latinas por toda Italia, la construcción de vías que, además de facilitar el tránsito de las tropas, reducía las distancias, y la prestación del servicio militar en el ejército romano por parte de los aliados, todo ello contribuía a la “romanización” y unificación cultural de Italia, sobre todo entre las clases elevadas. Italia seguía siendo un mosaico de pequeños Estados, tribus y ciudades autónomas, pero la lengua latina, la escritura y las costumbres romanas se extendían, y los recursos militares de toda la península quedaban unificados bajo la dirección del Senado Romano.
Las guerras Púnicas
Las ambiciones mediterráneas de Roma acabaron colisionando con las del Estado cartaginés. En el siglo III a.C., Cartago es una potencia que controla la parte noroccidental de África, la zona meridional de Cerdeña, el extremo occidental de Sicilia y la isla de Ibiza. Su fuerza militar se basa en una imponente flota marítima y en un heterogéneo ejército de ciudadanos y de mercenarios.
- La primera guerra Púnica (264-241 a.C.) se desencadena cuando Roma, al aprovechar una confrontación entre cartagineses y griegos de Sicilia, envía sus tropas a la isla. La guerra duró más de veinte años y fue durísima, perdiendo cada bando más de 100.000 hombres y 500 barcos. La guerra se decidió en el mar: al inicio de la misma los romanos carecían de flota, pero a lo largo de la confrontación lograron desarrollarla, y tras una etapa de reveses iniciales, en 241 a.C. derrotaron decisivamente a la flota cartaginesa frente a las islas Égates, al oeste de Sicilia, que fue anexionada.
Al final de la guerra la situación geopolítica de Roma se había transformado. De potencia puramente terrestre se había convertido también en potencia marítima. Y con la anexión de Sicilia, Cerdeña y Córcega como provincias, administradas por gobernadores y obligadas a pagar tributos a la metrópoli, Roma comenzaba a entrar en su nueva etapa imperialista.
- La segunda guerra Púnica (218-201 a.C.). Las cuantiosas pérdidas materiales causadas por la guerra empujan a los cartagineses a ampliar sus dominios territoriales sobre el sur y el este de la península Ibérica. El ataque dirigido por Aníbal contra la ciudad de Sagunto, aliada de Roma, sirve de excusa al senado para enviar a la Península las legiones comandadas por Gneo y Publio Comelio Escipión, acontecimientos que desencadenan el estallido de la guerra. Mientras tanto, Aníbal se dirige con su ejército hacia Italia. Después de las victorias púnicas de Trebia, Tesino, Trasimeno y Cannas, la guerra se mantiene en Italia por espacio de casi quince años, hasta que, finalmente, Aníbal es obligado a regresar a África. En 202 a.C., los cartagineses son derrotados en Zama por el cónsul Publio Cornelio Escipión Africano, el mismo que entre 210 y 206 a.C. había conseguido expulsarlos de Hispania.
- Durante los cincuenta años siguientes, los cartagineses son relegados a sus posesiones africanas, pero su recuperación económica desata los temores de Roma, que provoca una nueva guerra. La tercera guerra Púnica (149-146 a.C.) acontece exclusivamente en África y se cierra con la destrucción total de la ciudad de Cartago. A inicios del siglo II a.C., en conclusión, Roma es la primera potencia del Mediterráneo central y occidental.
La forja del dominio mediterráneo de Roma distingue, a lo largo de su evolución, un eje apoyado en dos conceptos relacionados pero diferentes entre sí: hegemonía e imperialismo. Ambos explican las dos actitudes con las que Roma, a través de la Historia, fue enfrentando la cuestión de la conquista de nuevos territorios. Por hegemonía se entiende la posición política directora de un determinado Estado dentro de un territorio o conjunto de territorios, sin que sea necesaria la anexión de tierras. Por imperalismo se entiende la voluntad de expansión sin límites precisos mediante el uso de la fuerza y sólo con la intención explícita de anexionar tierras ajenas.
La conquista de Oriente
Los inicios de la penetración en Oriente se caracterizan por la política diplomática y por los pactos. Sin embargo, con el tiempo, la conducta de Roma se torna más marcadamente imperialista, basada en la anexión directa, lo que comporta enormes beneficios en botines e impuestos. A lo largo del proceso imperialista destaca la complicidad que Roma halla entre las clases dirigentes indígenas, con las cuales se establece una comunión de intereses económicos y de integración política que hacen del imperialismo romano un fenómeno irreversible.
Tras la victoria de Aníbal en Cannas, el rey Filipo V de Macedonia había concertado con él una alianza, episodio que sirve de coartada a Roma para iniciar la guerra una vez derrotada Cartago. Las tropas romanas, mandadas por Tito Quincio Flaminino derrotaron a Filipo en la batalla de Cinoscéfalos (197 a.C.). Poco después, en los juegos ístmicos celebrados en Corinto, Flaminino proclamaba la libertad de todas las ciudades griegas, previamente sometidas a la tutela macedonia, y era aclamado por los griegos. Debilitada y humillada la monarquía macedonia, los romanos se retiraron.
El otro monarca helenístico que inquietaba a los romanos era el seléucida Antíoco III el Grande. Las tropas romanas lo derrotaron en Magnesia (190 a.C.), obligándolo a firmar la paz de Apamea (188 a.C.), que significó el inicio del fin del Imperio seleúcida, reducido a sus dominios orientales una vez liberado el reino de Pérgamo y los territorios de las ciudades griegas de la costa, y obligado a pagar enormes reparaciones de guerra. Cumplido su objetivo, los romanos volvieron a retirarse.
A partir de ese momento, la intervención de Roma en el Oriente sería más directa. En 171 a.C. Roma declaró la guerra al nuevo rey Perseo de Macedonia, y las tropas romanas, al mando de Lucio Emilio Paulo, lo derrotaron en Pidna (168 a.C.). La monarquía macedonia fue abolida; Emilio Paulo saqueó la región, llevando a Roma un botín tan gigantesco que permitió al Estado la supresión de los impuestos que previamente pagaban los ciudadanos romanos.
Cuando las ciudades griegas comprendieron las intenciones de dominio de Roma, se produjeron intentos de rebelión. En 146 a.C. la ciudad de Corinto fue arrasada por las tropas romanas, en las mismas fechas en las que se procede a la total destrucción de Cartago (3ª Guerra Púnica). Estas brutales acciones estaban orientadas a despertar en todo el mundo el terror y el respeto por Roma.
Sólo el reino lágida de Egipto se mantendría independiente todavía durante casi un siglo, hasta que Cleopatra VII, aliada con Marco Antonio, intentó disputar a los romanos su dominio en el área oriental, siendo derrotada en Actium (31 a.C.).
Justificación y causas de la expansión romana
Los propios autores romanos justificaban su actitud expansiva en términos defensivos, acuñando el concepto del bellum iustum, por el que se presenta siempre al enemigo como culpable de la confrontación y cargado de tópicos negativos, lo que hace “justa” la acción bélica de Roma. Esta justificación romana de su expansión y conquista fue, en esencia, asumida por el padre de los modernos estudios de Historia de Roma, Theodor Mommsen (1817-1903). La investigación actual apunta, en cambio, a móviles fundamentalmente económicos y políticos en la base de este fenómeno.
La política de guerras y expansión reportaba grandes ventajas políticas a los miembros de la nobilitas, que veían en las conquistas la posibilidad de lograr prestigio político (gloria, fama, celebración de triunfos). Pero también grandes beneficios económicos, en términos de nuevas tierras y masas de esclavos que trabarlas.
Junto a ellos, de la conquista benefició mucho a los hombres de negocios y comerciantes (los caballeros o equites), que afianzaban sus relaciones comerciales en posición de privilegio en los nuevos territorios.
También la masa plebeya de ciudadanos romanos —pero también los latinos e itálicos—, se vio inmersa en la dinámica imperialista. En la fase de expansión permanente, el saqueo y el botín eran muy atractivos, y la llegada de enormes riquezas a Roma —por indemnizaciones de guerra y tributos— supuso la supresión de impuestos directos a los romanos y el auge del evergetismo en la ciudad, con una elevación inicial del nivel de vida.
No obstante, a medio y largo plazo, veremos cómo las consecuencias de la expansión imperialista afectaron de manera especialmente negativa al campesinado romano, que constituía la propia base de su ejército.
viernes, 28 de agosto de 2015
La Monarquía romana
Según la tradición, la Roma primitiva estuvo gobernada por siete reyes, durante un periodo de alrededor de 250 años, desde la fundación de la ciudad (753 a.C.) hasta la instauración de la República (509 a.C.). La historicidad de estas fechas y de estos personajes, sobre todos de los primeros, es muy dudosa. Podemos distinguir dos fases: la monarquía sabina-latina y la etrusca.
- La llamada monarquía “sabina-latina” incluye cinco reyes, tres de los cuales están inscritos en el ámbito de la leyenda: Rómulo, que comparte durante un período el trono con Tito Tacio, Numa Pompilio, Tulio Hostilio y Anco Marcio. La tradición otorga a cada uno de los reyes un protagonismo específico, que puede ser un reflejo de la evolución organizativa de la ciudad. Rómulo funda la ciudad, instaura la monarquía, y crea las principales instituciones políticas y sociales. Numa Pompilio establece las principales instituciones religiosas. Con Tulio Hostilio se presenta como un rey guerrero y conquistador y Anco Marcio como una mezcla de los dos anteriores.
- A mediados del siglo VII a.C. se instaura en la ciudad de Roma, según la tradición, una dinastía de origen etrusco constituida por los reyes Tarquinio el Antiguo, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio. La presencia de reyes de origen etrusco en Roma no se interpreta en la actualidad como el resultado de una conquista, sino como la manifestación de la pujanza de las aristocracias etruscas en el área del Lacio. Es en la etapa de los reyes etruscos cuando se producen en Roma las transformaciones institucionales que la consolidan como una auténtica ciudad-estado, lo cual tiene su proyección en el registro arqueológico. En esta fase se construye el gran templo de Júpiter en la colina del Capitolio, se deseca la zona del Foro, mediante la construcción de la Cloaca Máxima y se monumentaliza la muralla de la ciudad.
El fin de la monarquía
La tradición presenta a Tarquinio el Soberbio como el último rey de Roma. La interpretación clásica de la caída de la monarquía la presentaba como el resultado de un alzamiento nacionalista de patriotas romanos frente a una dinastía etrusca opresora encarnada en la figura de Tarquinio y su familia. Esta imagen está hoy absolutamente superada: el final de la monarquía en Roma se interpreta más bien como una reacción dirigida por el sector más tradicionalista de la sociedad, la aristocracia, que se levanta contra una monarquía que venía favoreciendo a los sectores no aristocráticos de la población, enriquecidos con el auge del comercio y del artesanado.
- La llamada monarquía “sabina-latina” incluye cinco reyes, tres de los cuales están inscritos en el ámbito de la leyenda: Rómulo, que comparte durante un período el trono con Tito Tacio, Numa Pompilio, Tulio Hostilio y Anco Marcio. La tradición otorga a cada uno de los reyes un protagonismo específico, que puede ser un reflejo de la evolución organizativa de la ciudad. Rómulo funda la ciudad, instaura la monarquía, y crea las principales instituciones políticas y sociales. Numa Pompilio establece las principales instituciones religiosas. Con Tulio Hostilio se presenta como un rey guerrero y conquistador y Anco Marcio como una mezcla de los dos anteriores.
- A mediados del siglo VII a.C. se instaura en la ciudad de Roma, según la tradición, una dinastía de origen etrusco constituida por los reyes Tarquinio el Antiguo, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio. La presencia de reyes de origen etrusco en Roma no se interpreta en la actualidad como el resultado de una conquista, sino como la manifestación de la pujanza de las aristocracias etruscas en el área del Lacio. Es en la etapa de los reyes etruscos cuando se producen en Roma las transformaciones institucionales que la consolidan como una auténtica ciudad-estado, lo cual tiene su proyección en el registro arqueológico. En esta fase se construye el gran templo de Júpiter en la colina del Capitolio, se deseca la zona del Foro, mediante la construcción de la Cloaca Máxima y se monumentaliza la muralla de la ciudad.
Las estructuras sociopolíticas de Roma en época monárquica
El gobierno de la Roma primitiva era monárquico, pero fuertemente condicionado por el poder aristocrático de las familias más antiguas e influyentes. El rey –como sucedía en Etruria– gobernaba acompañado de otras dos instituciones básicas: el Senado y los Comicios, representantes, respectivamente, de la clase aristocrática y del pueblo.
El rey (rex) no es hereditario sino electivo, a propuesta del Senado y ratificado por la asamblea. Entre sus prerrogativas destacaban la dirección del ejército y su papel como máxima autoridad religiosa. El rey es el jefe del ejército, mediante el ejercicio del imperium, una atribución político-religiosa que le otorga poder ilimitado de dar y quitar la vida al frente del pueblo en armas. Su otra gran prerrogativa es la capacidad de “tomar los auspicia”, es decir, el poder de interrogar a los dioses en relación con la gestión del estado. Además, el rey es responsable del calendario y los sacerdocios. La iconografía del poder real incorpora elementos típicos de la realeza etrusca, como las fasces.
El Senado (de senex = “anciano”) es el consejo de ancianos consultivo de la realeza. Se componía inicialmente de un centenar de miembros procedentes de las grandes familias (de ahí el nombre que se aplica en ocasiones a los Senadores, patres). Asesoraba al rey en las decisiones políticas.
El pueblo (populus) se organizaba políticamente en asambleas, que en Roma se denominan comitia (sing. comitium). La asamblea más antigua y tradicional de Roma, que data de esta época, son los comitia curiata, en la que la población se agrupaba en 30 curias (unidades de voto). Sus principales atribuciones eran la confirmación de leyes votadas por el Senado, y la decisión sobre asuntos de guerra, penas capitales, y la ratificación del rey.
El gobierno de la Roma primitiva era monárquico, pero fuertemente condicionado por el poder aristocrático de las familias más antiguas e influyentes. El rey –como sucedía en Etruria– gobernaba acompañado de otras dos instituciones básicas: el Senado y los Comicios, representantes, respectivamente, de la clase aristocrática y del pueblo.
El rey (rex) no es hereditario sino electivo, a propuesta del Senado y ratificado por la asamblea. Entre sus prerrogativas destacaban la dirección del ejército y su papel como máxima autoridad religiosa. El rey es el jefe del ejército, mediante el ejercicio del imperium, una atribución político-religiosa que le otorga poder ilimitado de dar y quitar la vida al frente del pueblo en armas. Su otra gran prerrogativa es la capacidad de “tomar los auspicia”, es decir, el poder de interrogar a los dioses en relación con la gestión del estado. Además, el rey es responsable del calendario y los sacerdocios. La iconografía del poder real incorpora elementos típicos de la realeza etrusca, como las fasces.
El Senado (de senex = “anciano”) es el consejo de ancianos consultivo de la realeza. Se componía inicialmente de un centenar de miembros procedentes de las grandes familias (de ahí el nombre que se aplica en ocasiones a los Senadores, patres). Asesoraba al rey en las decisiones políticas.
El pueblo (populus) se organizaba políticamente en asambleas, que en Roma se denominan comitia (sing. comitium). La asamblea más antigua y tradicional de Roma, que data de esta época, son los comitia curiata, en la que la población se agrupaba en 30 curias (unidades de voto). Sus principales atribuciones eran la confirmación de leyes votadas por el Senado, y la decisión sobre asuntos de guerra, penas capitales, y la ratificación del rey.
Las reformas de Servio Tulio
Al reinado de Servio Tulio se atribuye un conjunto de medidas que resultan claves para comprender el progreso de Roma en su consolidación como ciudad-Estado.
La primera de estas reformas sería la nueva organización de la población en distritos territoriales: las tribus. Todos los ciudadanos romanos fueron inscritos en una de las dieciséis tribus rústicas en que se dividió el territorio, si eran propietarios de tierras; o en una de las cuatro tribus urbanas si no eran propietarios de tierras. Las cuatro tribus urbanas eran: la Palatina, la Collina, la Esquilina y la Suburana. Sus integrantes serían principalmente artesanos, comerciantes y proletarios.
En cuanto a la reforma militar, a Servio se le atribuye la organización de un ejército de carácter hoplítico, ordenado en su armamento y funciones de acuerdo con el poder económico de sus componentes, y en la paralela participación política de los ciudadanos romanos, según los mismos criterios. Esta reforma supuso la constitución de un ejército homogéneo, compuesto de un núcleo de infantería pesada, la llamada classis, articulado en sesenta centurias, base de la legión romana, que, en caso de necesidad, era apoyado por contingentes provistos de armamento ligero, reclutados entre los infra classem. Por encima de la classis, existían dieciocho centurias de caballería, los supra classem, designados por el rey entre la aristocracia.
El reflejo político de esta nueva organización del ejército quedó plasmado en una nueva asamblea ciudadana, los comicios por centurias (comitia centuriata), en los que participaban sólo los ciudadanos que contribuían decisivamente a la formación del ejército, es decir, las centurias de caballería y las de la classis.
Al reinado de Servio Tulio se atribuye un conjunto de medidas que resultan claves para comprender el progreso de Roma en su consolidación como ciudad-Estado.
La primera de estas reformas sería la nueva organización de la población en distritos territoriales: las tribus. Todos los ciudadanos romanos fueron inscritos en una de las dieciséis tribus rústicas en que se dividió el territorio, si eran propietarios de tierras; o en una de las cuatro tribus urbanas si no eran propietarios de tierras. Las cuatro tribus urbanas eran: la Palatina, la Collina, la Esquilina y la Suburana. Sus integrantes serían principalmente artesanos, comerciantes y proletarios.
En cuanto a la reforma militar, a Servio se le atribuye la organización de un ejército de carácter hoplítico, ordenado en su armamento y funciones de acuerdo con el poder económico de sus componentes, y en la paralela participación política de los ciudadanos romanos, según los mismos criterios. Esta reforma supuso la constitución de un ejército homogéneo, compuesto de un núcleo de infantería pesada, la llamada classis, articulado en sesenta centurias, base de la legión romana, que, en caso de necesidad, era apoyado por contingentes provistos de armamento ligero, reclutados entre los infra classem. Por encima de la classis, existían dieciocho centurias de caballería, los supra classem, designados por el rey entre la aristocracia.
El reflejo político de esta nueva organización del ejército quedó plasmado en una nueva asamblea ciudadana, los comicios por centurias (comitia centuriata), en los que participaban sólo los ciudadanos que contribuían decisivamente a la formación del ejército, es decir, las centurias de caballería y las de la classis.
El fin de la monarquía
La tradición presenta a Tarquinio el Soberbio como el último rey de Roma. La interpretación clásica de la caída de la monarquía la presentaba como el resultado de un alzamiento nacionalista de patriotas romanos frente a una dinastía etrusca opresora encarnada en la figura de Tarquinio y su familia. Esta imagen está hoy absolutamente superada: el final de la monarquía en Roma se interpreta más bien como una reacción dirigida por el sector más tradicionalista de la sociedad, la aristocracia, que se levanta contra una monarquía que venía favoreciendo a los sectores no aristocráticos de la población, enriquecidos con el auge del comercio y del artesanado.
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